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martes, 15 de marzo de 2011

El consumo nos consume

En este momento estoy medio negativo. Habrá que ver por donde viene. O será que estoy empezando a confrontar cosas que antes no quería ver, a lo mejor nada más estoy de mal humor... :P

Si el mundo adoptara el nivel de consumo de Estados Unidos, no alcanzarían los recursos naturales de tres planetas tierra para todos. Representan el 5%, consumen el 30%. Por supuesto que hay que tener en cuenta que hoy en día la mitad de la población de la tierra vive con muy bajos recursos, lo cual agrava la situación.

Pero no miremos a los estadounidenses con mala cara por este tema, probablemente también lo haríamos si pudiéramos.

En la actualidad el consumismo es un modo de vida impuesto y consolidado. Hay productos que se diseñan para no durar más del tiempo predefinido y otros que aunque están en buen estado, gracias a la fuerza de los medios y publicidades, igual se cambian porque ya lo tengo que cambiar. Esa frase justifica tantas compran innecesarias...

Es que la sociedad de consumo vende esa idea de que comprándonos cosas lindas (o inclusive cosas que no necesitamos) nos vamos a sentir mejor.
Chicas, no me digan que entre sus sueños más jugos no hay un capítulo donde se van de shopping con una VISA sin límites. Sobre todo después de un desamor, ir de shopping es clave.


El consumo desmedido implica alta contaminación, es durísimo con los recursos naturales, y con las personas.
Habrá que ver quién predomina sobre quién.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Lechero

Como todos los días, dejó la leche junto a la puerta.
Como todos los días, hizo el mayor ruido posible,
sin pasarse de la cuenta, para que ella lo escuchase.
Como todos los días, los segundos pasaron dando
estruendosos golpes en su reloj imitación.
Como todos los días, éstos, siguieron pasando uno detrás del otro.

Eran pocos los días que la veía. Pero siempre pensaba lo mismo cuando lo hacía.
Un día, mientras dejaba la leche al pie de la puerta, vio como ésta se abría.

Levantó la mirada y ahí estaba ella, con su actitud fresca y natural. Libre.
Él la miró, sentía como su garganta contenía un voluminoso buen día.
Como todos los meses, ella abrió su billetera y sacó el dinero correspondiente a la leche adeudada.
Con cara desilusionada lo tomó y agradeció.
Con esa misma cara mostró un frágil esbozo de querer algo más.
Ella le regaló una sonrisa gentil de alguien que ya había decidido.
Se despidió y cerró la puerta.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Vale la pena

Vale la pena es casi una contradicción.
Es terrible: “ese auto consume mucho, pero vale la pena”, “esa chica es tremenda, pero vale la pena”
Hace poco leí o hablé con alguien respecto a la frase “vale la pena”, no me acuerdo bien donde.
Pero esa frase es jodida. Da por sentado que lo que sea de lo que se trate, traerá pena, mas la valdrá.
El amor es un candidatazo para esta frase me parece. El que nunca se haya sentido herido por algo relacionado con el amor que levante la mano. Pero bueno, más allá de eso, vale la pena.
Casi que me hace pensar que habría que inventar un preservativo para el corazón. Es como que hay que cuidarlo del amor. El mayor enemigo del corazón podría llegar a ser el amor y no el odio? Los dos lo pueden joder, eso seguro. Malditos. Los odiamos. El colesterol es un poroto al lado de esos dos. Este tema me da miedo, así que vuelvo al otro (por ahora).
La cosa es que esta frase está tan metida en la forma de hablar, que ya se usa sin pensar mucho en lo que implica.
Es un poco triste en realidad que las cosas buenas tengan que valer la pena. Es muy realista tal vez. Un poco más de lo que me gustaría creo.
Quizá el yin y el yang estén más metidos en la vida de lo que yo pensaba. Nada es tan bueno ni tan malo. Pero como sea, traerá penas! jajaja

No me termina de cerrar que algo que valga (la pena) sea algo que acarrea pena. Es una contradicción. Es bueno, pero es malo.
Por eso me gusta trabajar en sistemas, 1 o 0. Blanco o negro!! Así todo es más fácil de entender. Desde el vamos ya se sabe por donde viene la mano. No hay tantas zonas grises que confunden!

Vale la pena trabajar mucho y perderse programas con amigos? Habría que medir, para uno mismo, cuan bueno son los programas con amigos por un lado, y cuan bueno es trabajar, por el otro. Si tu trabajo es súper demandante, llegás todos los días muy tarde a tu casa y te perdés ver crecer a tus hijos. Vale la pena?
Mmmm... el error no estará en darle mayor importancia a ciertas cosas por las que tenemos que pagar una pena, cuando en realidad no la valen? El error o el catch no estará un paso antes. A lo mejor habría que parar la moto y ver que se está sacrificando en la vida y que se está eligiendo a cambio de eso. Podrían ahorrarse algunas penas.
No se, son demasiadas preguntas, aunque en realidad apunten todas a lo mismo.

Antes de terminar les dejo un extracto de un capítulo de los Simpsons donde Homero trabaja en Globex, para Hank Scorpio, un terrorista que trata bien a sus empleados:

Homer: Tengo un problema Hank.
Scorpio: Cual es el problema?
Homero: Mi familia quiere regresar a springfield.
Scorpio: Que les molesta?
Homero: Nada importante, solo detalles.
Scorpio: Los pequeños detalles son los que dan sabor a la vida.

Puede ser que entonces esos pequeños detalles sean los que hacen que la vida valga la pena? :S

Mejor me pong
o a estudiar si quiero recibirme, ya que tener un título, vale la pena.

viernes, 15 de octubre de 2010

Historia de una ducha

El agua recorría su cuerpo copiando sus suaves líneas femeninas. Sus manos acariciaban sus hombros y su pelo se acomodaba en su pecho.
El sonido del agua cubriendo los oídos de él lo sumergían en una realidad alejada del repiqueteo de las gotas en el piso.

- ¿No está muy caliente? Preguntó él.
- No. Me gusta así. Contestó ella.

La espuma la vestía de novia, el velo también cubría su pelo y espalda hasta disolverse en sus pies.
Él la quería tocar, sentir su piel. Pero sabía que ella iba a echarle otra de sus miradas desaprobadoras. Le gustaba ser deseada. Sentir el poder que tenía sobre él. Eso la hacía sentir que valía como mujer. Ella necesitaba sentirlo.
No le voy a dar el gusto de que me diga que no. Otra vez. (Pensó él)

- Tomá el jabón. Arreglate como puedas con la espalda chiquita. A mi ni me mires eh. (No le dijo con tono desinteresado)
- No querés que te enjabone la espalda? Es difícil de alcanzar. (Sí le dijo, con tono casual).
- No, dejá, con toda la espuma que se me hizo en el pelo seguro ya está limpita. (Dijo con tono sensual)

Él la miraba. Como quisiera ser el agua que dibujaba sus labios. Esas gotas que caen por su mejilla, bajan por su cuello y se revuelcan por todo su cuerpo en una caída mortal, pero llenas de vida, corrientes y formas.
Tomó la mayor cantidad de productos que estaban del lado de ella buscando un roce casual. Ella sabía que él lo hacía por eso. Pero lo dejaba. Eso elevaba el deseo de él, que era lo que ella más deseaba.
El esfuerzo para que su cuerpo no revele sus intenciones con ella estaba agotando sus fuerzas y voluntad. Una constante búsqueda mental de ideas que lo alejen de sus impulsos masculinos, pero que no lo alejen demasiado como para no poder verla. Admirarla.
Él todavía tenía jabón en su cuerpo cuando el agua cortó sus terminaciones nerviosas con el filo de su frío.

- Está helada! El calefón se debe haber apagado.

Luego de morderse el labio dijo:

- No. Fui yo. Te quería ver reaccionar. Parece que no estuvieras en la ducha con una mujer desnuda.

A él le encantaba como ella se mordía el labio. Ya habían pasado a la etapa de la provocación. Ella lo estaba buscando.

Los dos sabíamos que esa era su luz verde. La señal de largada. La autorización para tomarla. Para dominarla.
Ella no quería un príncipe azul que ruegue por su amor. Ella quería un hombre que la haga desear, que no la persiga todo el tiempo. Que la deje libre, pero que también la doblegue y le muestre quien es el hombre cuando fuera el momento.

- Me voy sentar en la cama que todavía da el sol.

Dijo mientras tomaba una toalla con la que solo llegaba a cubrir las zonas más sensibles de su cuerpo. Antes de salir del baño lo miró por sobre su hombro con una sonrisita cómplice, seductora, llamadora. Era una clara invitación.

Sin perder tiempo terminó de enjuagarse para estar listo para la batalla. Esa cama era un cuadrilátero y lo que ellos tenían ahí era un round de amor. En esos niveles de pasión es difícil diferenciarlo de la lujuria. A él le gustaba pensar que era amor. Ella sabía que era lujuria.

La tomó de las manos y se las levantó. Ella dejó los brazos hacia arriba. Él sacó la toalla que ya había humedecido la cama. No le gustaba que la cama se moje, a no ser que lo que lo haga brote del cuerpo de ella. Pero no era momento de quejarse. Ella seguía con los brazos levantados y la cabeza levemente inclinada hacia un costado. Con una sonrisa simple iluminada por el sol. En ese momento ella era de él. Sus brazos todavía arriba indicaban que él mandaba.

La tomó nuevamente de las manos y se las trajo a su cuello. Avanzó sobre ella lentamente. Sus bocas se juntaron y sus lenguas se cruzaron. Le encantaba sentir como la respiración de ella se hacía más profunda y se aceleraba.

Le pidió moverse más hacia el centro de la cama. Él le dijo que ahí estaban bien.
La satisfacción los llenaba a los dos, tanto como él a ella.

- Me volvés loca.
- Ya lo sé.

Hacía media hora que no entraba el sol, pero el ambiente todavía estaba caliente.
Se dejó caer sobre ella, podía sentir su corazón a media que se serenaba.
No se volvieron a duchar, se querían llevar en la piel.
Tomaron un rápido desayuno en el poco tiempo que les quedaba y se fueron a trabajar.
Volvían a ser personas normales. Como vos y como yo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Autoconsejo

Hoy le di un "consejo" a un amigo.
Hay que ser bastante cara dura para dar consejos, sobre todo cuando uno mismo sabe que no haría eso que le recomienda a su amigo.

Lo que pasa es que yo le sugiero/digo que es lo que tiene que hacer, en forma de consejo, basándome en la razón. Eso no es garantía de nada, pero un consejo que viene de la razón es probablemente más confiable que uno que viene del corazón. Desde mi punto de vista, el corazón es un pésimo consejero, sobre todo y principalmente cuando está herido. Escupe para arriba el pobre.
Que sea un mal consejero no quiere decir que no pueda estar presente en el día a día o que no nos debamos dejar llevar un poco por sus impulsos, si no, no seríamos muy distintos a mi Nokia y eso sería más triste aún. Aunque más seguro.

Me parece que cuando alguien está en una situación complicada donde no sabe que hacer, sobre todo cuando hay temas del "corazón", que tiene un gran poder para nublar la razón, lo que habría que hacer es lo que uno le recomendaría a un amigo que esté en su lugar.
Es mucho mas fácil decirle a otro que tiene que hacer que decírselo a uno mismo, obviamente. Igual no nos haríamos caso, por eso estamos en una situación complicada, que complicamos más todavía cuando hacemos eso que sabemos que no tenemos que hacer.
Pero me parece que pensar atentamente que se le recomendaría a un amigo o escribirlo a fin de ordenar mejor los pensamientos podría ser una buena técnica para tener una segunda opinión. La otra opinión nuestra, la que pensamos y no la que sentimos.

Cualquier decisión tomada en esas situaciones de bajón/ansiedad/nerviosismo lo más probable es que sea la peor de lista de posibilidades, que seguramente solo contenga un ítem.