Mostrando entradas con la etiqueta frustración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta frustración. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de septiembre de 2013

Todo lo que usted diga será sacado de contexto y usado en su contra

Hace poco estuve charlando con un amigo psicólogo del tema de las discusiones. Pero más que nada, las discusiones en las parejas.

La idea de la conversación era que muchas veces, en una discusión, cuando se discute, no se discute por la verdadera razón que se argumenta durante la discusión (dije muchas veces discusión, no?) si no por otras razones ocultas.
Si se expresara la verdadera razón de lo que está pasando, probablemente no habría nada que discutir, o por lo menos, no habría tanto sobre qué hacerlo.

El problema es que si se encara una situación apoyándose en argumentos en los que uno busca tener la razón y en los que se siente seguro y no en el único argumento o aspecto que le molesta, entristece, hace doler o lo que sea, no necesitaría entrar en una confrontación de razones, un tire y afloje. Su queja sí tendría sentido. Puede que haya otros casos donde alguno de los dos esté buscando un roce, pero en realidad lo que busca es testear la solidez de la pareja. Pero ese es otro tema.
¿Qué se le podría decir a una pareja que te dice “esto me duele”? Contra eso no se puede discutir ni pelear.
Puede ser que lo que le genera el dolor a una de las partes sea algo que forma parte de la vida del otro y pretender un cambio en ese aspecto sea mucho pedir. Pero no es algo que se pueda discutir.
Quizá puede generar enojo, por impotencia por ejemplo, pero no mucho más que eso. Discutir propiamente dicho sobre un sentimiento, no tiene sentido. Si alguien te dice que le duele la cabeza, no podés estar en desacuerdo. Aunque es importante destacar que el tono en que se diga juega un papel clave, porque podría pasar de ser una confesión a ser una acusación.

Si en cambio, se plantea una serie de argumentos y se intenta convencer a la otra parte de que esos argumentos son válidos, es mucho más probable que se entre en una discusión. Lo peor de todo, es que son muy bajas las chances de que alguien salga ganando. Si alguno de los dos es muy buen desarticulador de los fundamentos del otro, probablemente “gane” la discusión, pero verdaderamente pierden los dos. La razón de esto es que el dicho ganador no llega realmente a permitir que su pareja conozca las razones de su malestar ni se permite conocer las del otro, además no soluciona el verdadero problema y para colmo, deja a su pareja en una situación de disconformidad que pronto saldrá a flote otra vez.
Discutir no es tan malo, puede ser que a veces una sana discusión sea necesaria, lo malo es discutir por los argumentos expuestos y no por las razones que realmente están afectando a alguno o a los dos inclusive. Porque no solo se desgasta la pareja, si no que además no se soluciona el problema.

Otra cosa interesante de la que hablábamos es de cuando en el medio de la discusión, en el momento en que el rumbo ya está perdido y hasta se podría haber llegado a una situación donde se digan cosas con intenciones de lastimar, se aproveche un error de expresión de alguna de las partes y toda la discusión se convierta en una guerra de definiciones y todo se reduzca al significado de una palabra que no tiene ni por cerca la importancia de la razón por la cual se está discutiendo, que además, en realidad, nunca se expresó o se hizo disimuladamente. Cuando pasa eso, es un ejemplo claro de discutir por algo que no es la verdadera razón del problema, y donde “ganando” esa discusión seguro que pierden los dos. Esto puede pasar muchas veces cuando una de las partes entiende que está discutiendo un sin sentido, en vez de detenerse y replantear lo que está pasando, lleva la discusión a ese detalle, casi por orgullo me atrevería a decir, donde siente que está discutiendo algo defendible y lógico, no como las excusas que lo llevaron a esa situación.

El tema es que si algo duele, es una zona vulnerable, y si se tiene un problema con eso, lo más probable es que no se lo quiera exponer, que se lo proteja mostrando otros argumentos o razones en las que la persona se sienta mucho más fuerte y confidente. Claramente, al fin y al cabo se llega a una discusión sin sentido. Esto es un punto clave y centraliza la idea.
Debo reconocer que me pasó más de una vez.
Me parece que si una pareja vale la pena (esta frase: “vale la pena”; es una bomba, ya la voy a comentar en otro momento) entonces es cuando más sentido tendría exponer esa parte débil, conversarla para buscar la mejor solución y no deteriorar la calidad de la relación peleando por un número de razones sin sentido real.

El resumen es que antes de pelearse o discutir con una pareja hay que ser muy sincero con uno mismo primero, entender que es lo que realmente le molesta, aunque se sienta un tonto aceptándolo y una vez que uno se haga amigo de esa parte suya, contarla a su pareja. Y acá hay un punto fuerte que destacó mientras hablábamos, contarle a su pareja. Contarse el uno al otro lo que pasa, ni siquiera diciéndolo. Yo te cuento y vos me contás. Nos contamos.
 
Cada uno que lea esto, que tome lo suyo.

EDIT 03/11/10: Lo escribí Vale la pena.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Saber lo que uno quiere. Arma de doble filo.

¿Qué estaría más bueno? ¿Saber que es lo uno quiere o saber lo que uno no quiere?
Por bastante tiempo pensé que yo sabía que era lo que si quería, también sabiendo un poco que era lo que no quería, pero de todas formas, mucho más centrado en lo que sí que quería y fuera del camino de lo que no quería.
El tema es que al final estoy bastante más ubicado en un lugar que antes no quería, que en uno en que sí quería. Pero eso no es necesariamente malo.
Lo malo de saber lo que uno quiere y conseguirlo, creo que sería que no habría sorpresas, no habría momentos inesperados que produzcan cambios importantes. Todo sería demasiado planeado. No se si alguien puede saber tan claramente lo que quiere como para hacerse un plan, que podría no ser el adecuado.
Saber lo que uno quiere es casi como vivir de acuerdo a un plan que lo tiene a uno mismo, y no como si uno tuviera el plan.
Tener muy claro lo que uno quiere, o mejor dicho, pensar que se tiene muy claro lo que uno quiere, podría llevar a conseguirlo, lo que podría ser una gran catástrofe.
Lo bueno de saber lo que uno no quiere, es que puede evitar esos caminos e ir eligiendo otros que ofrezcan diferentes alternativas y que un día una de esas complete alguna parte de las varias cosas que se buscan.
De esta manera, la vida tendría muchas más sopresas, y lo que es mejor, siempre se estaría a tiempo para tomar cualquiera de esas cosas con una etiqueta de “esto no lo quiero” y tacharle la parte del no. Guiarse por lo que uno no quiere abre un abanico tremendo de oportunidades y cosas nuevas en las que a lo mejor ni se había pensado.
En cambio, tener un plan, que al final lo tiene a uno, puede ser el camino perfecto para levantarse un día y darse cuenta de que la cagó.
Y eso es algo que no quiero.

martes, 31 de mayo de 2011

Esfuerzo

Siempre nos dijeron que tenemos que esforzarnos, que las cosas que se ganan sin esfuerzo no se valoran. Que no es lo mismo.
No se si es tan así. Lo que pasa es que nunca lo cuestioné mucho, porque de chico ya lo aprendí, pero se podría pensar un poco más.


Esforzarse es poner energia y elementos costosos con el fin de obtener algo. Suponemos en este caso, algo deseado. El hecho de haber tenido que esforzarme para conseguir algo, hace que eso valga más, supuestamente. Ni hablar si no lo conseguí, no solo tengo la frustración del esfuerzo vano, si no que además tengo las manos vacías. Claro que podemos ver el lado positivo y considerar que aprendimos algo. Pero eso ya implica otro esfuerzo, para ver lo bueno en lo malo.
Pareciera que hay que sufrila para que lo que se obtenga posea un valor significativo.
De esta forma, un artista que disfruta enormemente de pintar o crear, no debería sentir una gran gratificación una vez que termina, porque no tuvo que esforzarse, solo fluyó. Yo, por ejemplo, no debería valorar todo lo que tengo escrito en este blog, porque me encantó hacerlo. Me pasó con mi facultad. Sólo cuando dejé de estudiar con el único fin de aprobar fue que entonces dejó de ser una tortura. Estudiar para saber y conocer es mucho más fácil que estudiar para aprobar. Lo mismo pasa en los trabajos, se los firmo.

Cuánto más copado, me parece, sería pensar que hacer cosas que representen un esfuerzo solo hace más complicada la vida, y no por el contrario, valorarla más, y que si bien cada uno sabe lo que tiene que hacer y lo que no, muchas veces se podrían dejar de hacer cosas que son un esfuerzo y que solo se hacen con un fin, cuando es muy posible que existan caminos mucho más agradables para transitar hasta ese fin, sólo hay que animarse a incursionarlos.

PD: No es apología del delito eh, no salgan a robar. Robar es malo.

viernes, 11 de marzo de 2011

Saber esperar

- Yo se esperar.
- ¿Ah sí?
- Sí
- ¿Y que haces mientras esperas? Pues, nada. Estoy esperando.
- Bueno, pero algo harás...
- Mmmm, cuento los días.
- ¿Y cuantos días llevas esperando?
- 26
- Entonces mi amigo, llevas 26 días sin saber esperar.


Las cosas hay que saberlas esperar, y eso es justamente no esperarlas.
Vendrán cuando tengan que hacerlo.

jueves, 10 de marzo de 2011

Si querés llorar, y podés, llorá

"Si dejás de llorar te llevo", "Bueno, pero no llorés más", "Los hombres no lloran, las mujeres lloran!". Si nunca te dijeron una de estas frases, sos de otro planeta. La última puede que si sos mujer, no te la hayan dicho.

Hace un rato estaba hablando del tema de llorar con una chica que tiene el tema bastante fácil al parecer, pero me decía que se sentía monga por llorar tan fácilmente, que no quería, que le daba vergüenza. ¿Cuál es la vergüenza de llorar? Sí, es una pregunta retórica, pero no me refiero a las lágrimas de cocodrilo manejadoras, si no a llorar posta.


Como me dejaron ver hace poco, así al pasar, llorar es una de las primeras cosas que hacemos, y ni bien tenemos un leve intento de uso de razón, lo primero que hacen nuestros papás y extras, que nos miran con caras raras, es decirnos o hacer lo que sea con tal de que no lloremos.

Ok, ellos se salvan (hasta ahí nomás) del problema de escucharnos llorar, pero ¿y el que nos crean? Estoy buscando en mi memoria y creo que siempre que vi a alguien llorar, salvo en los casos donde está permitido, el resto de las veces, todos y todas se sienten unos boludos.

Esto es algo tan arraigado que aunque sepamos que está bien que el otro llore, igual uno no quiere hacerlo. No es tan fácil permitírselo. Y eso que las mujeres ceden fácil a la tentación del lagrimeo.

Habría que buscar en facebook si hay algún grupo del tipo "¿Sabés que vieja? Llorar está bien! Que clase de bruja desalmada coarta una expresión emocional tan potente a un pobre chiquito".
Pero este tipo de cosas ya no tiene tanto sentido charlarlas con los padres, si estás leyendo esto, seguramente estés más para charlarlo con vos mismo o algún psicólogo amigo, pero tampoco le des mucha información, es peligroso.

Have a nice day cry.

lunes, 28 de febrero de 2011

El Gato

Resulta que iba un señor en su auto por un camino de tierra, cuando sintió que algo estaba "raro".
Bajó a mirar y tenía una rueda pinchada.
Sin mucho preámbulo abrió el baúl y para su asombro, comprobó que le faltaba el gato.

A unos doscientos metros se veía una casa. Si dirigió hacia ella.
Por el camino empezó a pensar como podría ser que no esté el gato, y eso lo llevó a pensar en que explicación daría para pedir uno.
La verdad es que ya eran cerca de las 12 de la noche, no era tan temprano. Y pedir un gato es algo raro, salvo que tenga auto, no es probable que tenga uno. En una de esas se cree que soy un ladrón y me llena de plomo sin dejarme hablar. Aparte a lo mejor se quiere aprovechar y pretende cobrar el alquiler de la herramienta. Ni hablar si después aparece algo roto y me lo quiere cobrar en entero a mi. Estos son más vivos, te ven cara de la ciudad, a la primera donde pueden te sacan guita sin dudar

"toc toc"

La puerta se abre

- Sí, dígame. ¿En qué lo puedo ayudar?
- ¡¡Nada!! ¡Metete el gato en el culo!


Me lo contaron el otro día y me pareció una forma graciosa de ilustrar el post de hacerse películas


martes, 25 de enero de 2011

Pensamientos Mágicos

Ideas irreales. Apoyadas sobre bases delirantes. Son como una bicicleta fija. Te llevan a ningún lado. Rápido.
Hace unos días dije, sin medir mis palabras y a quien se las estaba diciendo:
“Hay $30 millones en el Quini 6, que bueno sería ganármelos y no tener que trabajar más”.
La respuesta que obtuve fue:
“Pensamientos mágicos”.
No hizo falta ningún tipo de aclaración, explicación o agregado necesario para entender la toxicidad de esos pensamiento mágicos. Creo que tendrían que llamarse Pensamientos delirantes que te mantienen en una nube de pedos viviendo una irrealidad que nunca se va a realizar, pero claro, ese nombre es muy largo.

Lo peor de todo no es su nombre, lo peor es lo identificado que me sentí. La cantidad de veces que solucioné mi vida durante unos minutos delirando con mi máximo poder de imaginar situaciones tan ideales como improbables, algunas hasta desafían las leyes de la física!

Es como drogarse. Es escapar a la realidad imaginando otra, imposible, donde algo de mi vida que no me gusta, está solucionado. Casi puedo saborear su dulce sabor. Es como oler las milanesas con puré de mamá. Sabés que estás a minutos de zaparte cuatro formidables milangas. Pero en este caso, la milanesa nunca llega.

EDIT: 27/01/2011
Me quedé pensando un poco más en esto que escribí y me gustaría agregar que los pensamientos mágicos también aportan su toque de color a la vida.
El problema no es tenerlos, si no que ellos nos tengan.

martes, 4 de enero de 2011

Hacer hoy si me preocupa mañana.

Hace varios días, semanas o meses tal vez, estuve hablando con un amigo con el que suelo hablar de boludeces, pero como voy a contar ahora, hay veces que hablamos de cosas más serias que las boludeces, que para nosotros no son tan boludez, pero al margen.

Lo que él me decía era lo preocupado que estaba por su futuro y el de su familia, de la cual se siente responsable, aunque no el único responsable, ya que por suerte tiene una pareja con la que apoyarse mutuamente. Bah, por suerte, esas cosas no son por suerte.

Después de escucharlo y tratar de entender el origen de su preocupación me di cuenta que no era que él estaba haciendo las cosas mal. Tiene un trabajo que se toma en serio y con responsabilidad, pero que no le permite un crecimiento ni económico ni personal, por lo menos en las condiciones en las que se estaban presentando las cosas en ese momento.

Estuvimos hablando más y le expliqué como veía yo las cosas. Sorprendentemente me encontré una negativa muy fuerte a aceptar o contestar algo respecto de mi opinión sobre la situación.
Por un momento me hice el distraído y le seguí la corriente por el nuevo y completamente distinto tema que trajo a la conversación.
Era como si el otro tema del que él tan seriamente me había hablando, ya no importara. De hecho, como si esa conversación no hubiera tenido lugar. Mucha atención para presentar su problema, pero una negativa total para escuchar la solución que yo veía. Vaya... ¿será un problema que no quiere tener que solucionar y prefiere la incómoda comodidad de tener que aceptarlo y listo?

Lo más prudente me pareció que era subirme en ese nuevo barquito que me proponía y seguir otro rumbo, navegar contra la corriente es complicado. Preferí pensar un poco más en su problema y esperar el momento apropiado.

El tiempo pasó, pero este tema ya se había subido a la calesita de ideas que dan vueltas en mi cabeza. Digamos que tengo dos calesitas. Una es la ideas o pensamientos positivos, como buscar una solución a un problema, un negocio, un proyecto, etc. La otra es la obsesiva, donde a diferencia de la otra, yo no subo ideas o pensamientos, éstos se suben solos (prefiero pensarlo así :P). Y te digo que bajarlos de ahí cuesta eh, son como un chiquito malcriado que siempre quiere dar una vuelta más.
La cuestión es que no me gustó ver a mi amigo así, preocupado por un problema que el mismo cree que no puede solucionar. Él no tiene el problema, el problema lo tiene a él.
Como está tan seguro de que no puede hacer nada, entonces no hace nada. Sólo sigue con su trabajo y su vida intentando no pensar en lo negro que es su futuro, o por lo menos, un futuro condicionado.
Hablando con mi tío, otra vez, le conté la situación y la amasamos un poco, a ver que formas podía tomar y de que manera la podíamos entender mejor. Bueno, a ver que forma yo la podía entender mejor, la verdad es que él cazó al vuelo por donde venía la mano.

Si ves un futuro negro, ya sea en general o de algún tema en específico, lo más probable sea que estés haciendo algo mal hoy. Pero más negro lo vas a ver cuando el tiempo siga pasando y vos no hagas nada para cambiarlo. Pero aún sin además de no hacer nada para cambiarlo, te resignás a que ese va a ser tu destino. Lo bueno de todo esto que ninguna de estas cosas debe solucionarse todas en un día.
Si dudás mucho si vas a poder o no hacer o solucionar algo, quedate tranquilo, no vas a poder. No dudes más.

El toro hay que tomarlo por las astas. Cada uno es dueño y responsable de su vida, incluso de no cerrarse las puertas así mismo.
Primero que todo no tomarse las cosas demasiado seriamente, después de eso, no crearse unas expectativas formidables de cosas que no se sabe como van a resultar, también agrego no tenerle miedo al cambio. La tormenta más negra se puede cruzar si se tiene una brújula.
Si la ruta por la que vas termina en un horizonte negro, entonces a lo mejor el problema no está en el horizonte, si no en el camino que estás siguiendo. Sacá la patita del acelerador, ponela en el freno, sacá tu mapa, tu brújula y agarrá un camino nuevo que te lleve a un destino mejor.
Con un GPS matás dos pájaros de un tiro.

lunes, 3 de enero de 2011

Expectativas, esas aguafiestas

Las expectativas son eso que esperamos de algo. Es como una esperanza. Cuando no sabemos que esperar de algo, es la expectativa las que nos sugiere que puede pasar. Casi podría rozar una fantasía si en algún momento nos dejamos llevar. ¡Error!

No digo vivir una vida sin esperar nada bueno de ella, a fin de no desilusionarnos. Pero siempre que uno espere mucho de algo, por más mucho que reciba, siempre le sabrá a poco.
Lo bueno de no esperar mucho de algo, es que cuando llegue, si hicimos las cosas medianamente bien, lo que sea que llegue, va a ser bueno y nos va a sorprender gratamente.
¡No me digan que una grata sorpresa no es mejor que una amarga desilusión!

Esto lo aprendí a los 12 años, cuando fui a ver la primer Batman (1989). Esperaba tanto, que un sobresaliente Jack Nicholson y un soberbio Micheal Keaton de la mano de la despampanante Kim Basinger no fueron suficientes. No fue hasta varias años después, cuando ya no esperaba mucho, que la volví a ver y ahí sí me gustó. El joker es groso.

El punto es que las cosas hay que vivirlas sin pensar demasiado en lo bueno que puede llegar a ser lo que venga después. Además, si te la pasás pensando en eso que va a venir y lo bueno que va a ser, no solo cuando llegue te vas a desilusionar, si no que además, el tiempo que estuviste delirando con esto, no lo disfrutaste.
Sería como estar en tu casa pensando en la chica con la que vas a salir a la noche mientras ves una película, cuando estás con la chica comiendo, pensando en como va a ser cuando vayan a tomar algo, cuando estén tomando algo, pensando en como será cuando te la puedas tomar a ella. Al final nunca viviste el momento y cuando llegue lo que sea que esperes, no va a convencerte.

Vivir el momento, planear menos, disfrutar más.

Espero que les guste.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Las películas pal’ cine

Que fácil es comerse la cabeza. Durante mucho tiempo, meses diría, estuve pensando en un tema específico. Era como una ruedita de hamster en mi cabeza que giraba pero no avanzaba, y ese giro continuo, a pesar de no generar movimiento, me consumía muchísima energía.
(estamos súper seguros, pero en realidad estamos en bolas)
Muchas veces damos por sentadas cosas que imaginamos solo tomando un ápice de información y construimos algo enorme, sólido y que nos creemos ciegamente. A veces usando la razón, a veces la imaginación o fantasía y en el peor de los casos todo junto. Y digo peor de los casos por que se crea una fantasía que suena totalmente lógica. Pasa a ser una verdad. Les voy a poner un ejemplo: Supongamos que nuestra tasa preferida aparece rota. Podemos hacer 2 cosas. 1) Putear un poco, aceptarlo, comprar otra o no, pero seguir con nuestra vida. 2) Entre cerrar los ojos, hacer un pseudo pucherito y suponer como pasaron las cosas, creérnoslo, y tratar mal al que seguro la rompió hasta que confiese por cuenta propia su crimen.

Lo peor de estas películas, es que tienen botón de rebobinar, así que se pueden volver a ver una y otra vez. Además como somos los directores, siempre podemos hacer los retoques que queremos, agregar escenas nunca vistas y comentarios del director. Esta es una mala práctica.
Más de una vez me encontré a mi mismo, o a amigos que buscaban un espectador, dirigiendo largometrajes formidables que serían merecedores de los mejores galardones cinematográficos, pero que en realidad sólo nos hacen perder el tiempo y la cabeza. Mi recomendación es que si en algún momento se ven atrapados en una de estas situaciones, traten de tomar consciencia y paren la mano, tienen todas las de perder. Si quieren mi sincera opinión, les digo que para mí en algún caso le vamos a pegar y nuestra corazonada va a estar correcta, pero lo más probable es que la mayoría de las veces estemos equivocados. E inclusive, si en algún momento estamos en lo correcto, probablemente terminemos delirando y agregando más escenas irreales. Una solución a esto es hablar con la o las personas que estén interpretando papeles protagónicos en nuestra película, pero cuando esto no es posible, muchas veces la mejor solución es simplemente no enredarse y continuar.

jueves, 14 de octubre de 2010

Me pa que sobre gustos estaba todo escrito al final...

Cuantas veces habré escuchado, y peor aún, dicho "sobre gustos..." y que el otro termine con "no hay nada escrito". Me siento tan boludo. O si no de una forma más top: "el libro de los gustos tiene sus páginas en blanco". El único libro que conozco que tiene las hojas en blanco es este:
La edición que tengo en casa no es igual y además es en español, pero que importancia tiene cuando TODAS las hojas que lo conforman están en blanco. Y si, que esperaban?

Paremos un poco la pelota, y no la que se pasa por adelante de los autos (El problema no es la pelota, es lo que viene atrás), la que vaticina lo que se podría venir y que muchas veces ignoramos (ignoro), lo que llevado a contextos de la vida da para largo, si no la pelota del automático con el que nos programa el mundo desde el minuto uno.

Vamos a ver, por ahora muchas palabras y poco contenido (?), a lo que voy es a que la calle, la tele, la radio, las revistas, la vida mesma nos dice que es lo que nos tiene que gustar. No me refiero a la boludez de si te gusta la milanesa plana, napolitana o a caballo. Eso da igual, y ahí seguro que si está escrito en miles de libros de cocina. Me refiero a las cosas de la vida que nos influyen.
Cuanto nos condiciona esta "educación" de gustos? Nos hace las cosas más fáciles? Nos soluciona la elección o nos impone cosas que no sabemos si realmente nos gustan tanto? Al que le de miedo elegir, a lo mejor se lo pone más fácil.

Me parece que el gusto no nos permite elegir lo que nos gusta (que ojalá siempre fuera lo que nos hace bien), por el contrario nos priva de lo que no nos gusta. Y acá está la cuestión más gorda. Lo que no me gusta, realmente es lo que no me gusta??? Porque que me digan como son las chicas que me tienen que gustar o que a ellas les diga cuan flacas tienen que estar es jodido, pero me parece que desmerecer el hecho de que, por ejemplo, yo no quiera salir con una chica porque no es linda (o no me parece a "mi" que lo sea) me privaría de estar con una chica con cientos de virtudes que la conviertan en una persona excepcional, solo que fea. Fea para quien? Bueno, no se, para mi... Como se si es realmente es fea para mi si cada vez me doy más cuenta que no soy yo el que decide que me gusta y que no! Pero como se hace para mirar y desear lo que no me gusta? Yo no lo se. Todavía por lo menos. Lamentablemente.
Entonces me priva de lo que no me gusta o me priva de lo que no me debería gustar? Y... podría llegar a ser lo mismo.
Pero si aprendimos que es lo que nos tiene que gustar, a lo mejor, aun que un poco oxidada, puede ser que todavía existan vestigios de esa capacidad de aprender, pero aprender a decidir conocer que es lo que a uno verdaderamente le gusta. Romper el molde. Que liberador sería eso...
Liberador? Pero si me tengo que liberar entonces estoy preso, si estoy preso, de que lo estoy? Probablemente de mi mismo, de mis propios miedos a que me guste lo que no me debería gustar. A sentir lo que no debería sentir. A disfrutar de esas cositas oscuras que rara vez compartimos. A no hacer lo que se espera que hagamos, si no lo que realmente queremos. A no estudiar lo que los padres esperan que su hijo perfecto estudie. A no seguir por el camino que la orden directa de ese ser supremo nos impone a través de los medios masivos de incomunicación (incomunicación con uno mismo).

Se me ocurren tantas cosas para seguir escribiendo, pero ya mezclé varios temas acá, prefiero no complicarla más y me guardo algunas ideas para otro día.
Lo que no se es si yo debería estar escribiendo este tipo de cosas y encima públicamente. Pareceré exhibicionista? Espero que mi abuela no lo lea...



miércoles, 6 de octubre de 2010

Autoconsejo

Hoy le di un "consejo" a un amigo.
Hay que ser bastante cara dura para dar consejos, sobre todo cuando uno mismo sabe que no haría eso que le recomienda a su amigo.

Lo que pasa es que yo le sugiero/digo que es lo que tiene que hacer, en forma de consejo, basándome en la razón. Eso no es garantía de nada, pero un consejo que viene de la razón es probablemente más confiable que uno que viene del corazón. Desde mi punto de vista, el corazón es un pésimo consejero, sobre todo y principalmente cuando está herido. Escupe para arriba el pobre.
Que sea un mal consejero no quiere decir que no pueda estar presente en el día a día o que no nos debamos dejar llevar un poco por sus impulsos, si no, no seríamos muy distintos a mi Nokia y eso sería más triste aún. Aunque más seguro.

Me parece que cuando alguien está en una situación complicada donde no sabe que hacer, sobre todo cuando hay temas del "corazón", que tiene un gran poder para nublar la razón, lo que habría que hacer es lo que uno le recomendaría a un amigo que esté en su lugar.
Es mucho mas fácil decirle a otro que tiene que hacer que decírselo a uno mismo, obviamente. Igual no nos haríamos caso, por eso estamos en una situación complicada, que complicamos más todavía cuando hacemos eso que sabemos que no tenemos que hacer.
Pero me parece que pensar atentamente que se le recomendaría a un amigo o escribirlo a fin de ordenar mejor los pensamientos podría ser una buena técnica para tener una segunda opinión. La otra opinión nuestra, la que pensamos y no la que sentimos.

Cualquier decisión tomada en esas situaciones de bajón/ansiedad/nerviosismo lo más probable es que sea la peor de lista de posibilidades, que seguramente solo contenga un ítem.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Cuando un trabajo no solo cuesta mucho trabajo



El otro día estaba pensando en las personas a las que no les gusta su trabajo, que de hecho lo odian. A lo mejor no precisamente a su trabajo, pero a su jefe o algún compañero, ni hablar de los clientes, son los gárgamel de todo pitufo.
Nadie debería trabajar en un trabajo que lo haga infeliz, ya hay bastante con vivir en este planeta y ser humano!

Pero bueno, lo único que puedo decir es que las personas que odian su trabajo, por lo menos saben cuanto vale su felicidad. Está en la parte de abajo de su recibo de sueldo, donde dice "Total neto". Si es que por lo menos les pagan en blanco...