jueves, 25 de noviembre de 2010

Orquídea

Los años de gloria por aquel premio Nobel en investigación científica ya habían quedado atrás. Aunque la comunidad todavía lo respetaba, los pasillos insensibles ya comentaban que había perdido su toque. Sus 15 minutos ya habían pasado.
Pero él sabía perfectamente lo que hacía, el mundo iba a tener que comerse sus palabras. El proyecto estaba demorado, pero eso no importaría. Una vez que esté listo, cambiará radicalmente el significado de esa palabra.

- Arthur, no podemos esperar más. Ya te hemos dado los 5 años extra que dijiste que necesitabas. Voy a dictar la orden y vamos a retirar todos los equipos, el personal y documentación.
- 2 años más.
- Imposible. No hay presupuesto. Tenemos cientos de prometedores proyectos que no se hacen realidad debido al tuyo, que solo traga fondos de los contribuyentes. No me comprometas.
- Si en 2 años más no lo tengo listo, trabajo para tí en el proyecto que quieras haciendo la tarea que sea por los próximos 10 años. No tienes nada que perder. Sábes que puedo ser muy útil en por lo menos la mitad de los proyectos que están actualmente en desarrollo. Esto va a revolucionar el mundo. Entiendes el alcance? - Dijo acompañado por un gesto con las manos. - No seas tu el que lo impida, estoy muy cerca. 2 años más.

Solo consiguió un 1 año. Debería bastar. Después de eso, el tiempo se vería con otros ojos. En la negociación perdió el 100% de su equipo técnico, pero su mente brillante y su tenacidad eran los elementos más importantes y siempre iba a contar con ellos.

Anotó en la bitácora fecha, hora, objeto y descripción:
2010-11-23 17:45:13 - Reloj Omega Chronograph - Sincronizado con el reloj de plataforma.

Cada vez que la miraba le recordaba la heladera de un frigorífico. Un cubo metálico con bordes afilados y una puerta que sellaba a la perfección. Suficientemente grande para que quepa una persona de estatura media.
Accionó una serie de interruptores y la puerta se abrió, gestionada por un mecanismo de alta presición. Era crucial controlar estrictamente la apertura y el cierre. Bajo ninguna circunstancia o motivo podía ser abierta durante la transportación temporal, las consecuencias serían catastróficas para el experimento y hasta para la vida en la tierra. Todavía no era seguro el grado de impacto, era difícil saberlo, pero no había dudas que sería masivo.
Depositó el reloj adentro y cerró la puerta.

Se tomó unos segundos, y acariciando su barba mal afeitada, dijo. - Cinco minutos bastarán.

Una vez acomodado en la silla de los controles, configuró todos los datos referentes al objeto a transportar, si es que se podía considerar transportar, indicó los 300 segundos correspondientes a los cinco minutos y presionó el botón rojo.
El sistema se puso en marcha, los zumbidos de los miles de voltios cargando en las baterías lo hacían sonreír. Tanto poder concentrado. Definitivamente ese era su lugar. La ciencia lo apasionaba.

- 3, 2, 1 TRANSPORTE! La voz que emitían los parlantes no era la sensual voz de una mujer, pero lo importante era que todo había comenzado.

Pasaron los cinco minutos. La puerta se abrió.
El corazón se le salía del pecho, las manos le temblaban. Estiró el brazo y lo tomó. Miró el reloj, estaba en perfectas condiciones. Hasta parecía brillar con mayor intensidad. Las agujas seguían cumpliendo su sincronizada labor. Exactamente 4 minutos y 55 segundos menos. Precisión suiza. Él mundo había vivido otros 5 minutos, pero ese reloj sólo 5 segundos.
Se pasó la noche entera transportando los objetos de su oficina. Todos eran perfectamente transportados hacia el futuro. Ninguno sufría ningún tipo de anomalía detectable a simple vista.

- Lo conseguí. Y me sobraron 2 semanas! je - Dijo con tono seguro y algo arrogante.
- Ok, pruébalo.
- Sabía que dirías eso. Por eso traje esta orquídea blanca. Quería pedirte que la firmes por favor. Y como todavía me quedan 2 semanas, voy a volver con un detalle de los resultados y la prueba que me pides en 7 días.

Arthur salió del salón armado con su flor. Le gustaba el dramatismo. Que gracia tendría llevarlo al laboratorio y hacer la prueba del reloj? O la del café humeante? Esto sería mucho más emblemático. Los libros de ciencia contarán la historia de Arthur y su orquídea.

Llegó al laboratorio, introdujo la flor en la máquina y configuró el sistema para la mañana del gran día.

- En que estaba pensando??? Como puedo ser tan tonto!! Una semana??? Que voy a hacer una semana con la máquina inutilizada!! Una semana!! Todo por esta maldita flor. Es increíble. Más vale que esta flor haga historia.

Por fin llegó el gran día. La sirena sonó y la puerta se abrió sin riesgo para la vida en el planeta.
La flor yacía inmaculada, como el estado en el que se encontraba cuando la introdujo.
La envolvió en un paño y corrió a mostrarla.

- Perdón? Ésta es tu prueba?
- Ten más visión! No te das cuenta del dramatismo?? No tiene gracia si te lo tengo que explicar. Es la misma flor que me firmaste, no lo ves? Está en el mismo estado, la transporté una semana al futuro. Para esta flor, solo pasaron un par de horas.
- Creo que lo mejor va a ser que terminemos con esto de una vez. Tómate la semana de gracia que te queda y nos vemos cuando estés listo para tu próxima asignación.
- De ninguna manera. Vamos a mi laboratorio ahora. Vas a ver la demostración de tu vida y te vas a tragar todas y cada una de tus malditas palabras.
- Ok, pero solo por el respeto que te tengo y porque quiero terminar con esto de una vez. Espero estar haciendo lo correcto. Pero nada de juegos. - Aclaró con tono impaciente.

Llegaron al laboratorio y Arthur repitió el proceso con su reloj. No era tan poético, pero era un buen ejemplo. Eso pensó él.

- Bueno, reconozco que es interesante. Es una heladera gigante que atrasa relojes? - Dijo riendo.

Arthur tomó aire, volvió la mirada hacia él, sonrió suave y transigentemente, acto seguido le pidió que tome asiento a un costado y le dijo que aguarde un instante.

Todavía le quedaba una semana, la iba aprovechar.
Se acercó con un punzó en la mano.

- Arthur...
- Tranquilo, no es para vos.

Levantó el brazo y lo dirigió hacia su mano violentamente. El punzó perforó su piel y agitó su sangre. - Sus gritos de sorpresa y dolor hicieron vibrar el aire tanto como su cordura.

- Ves esto??? Ahora voy a entrar en la máquina y voy a salir en una semana y mi mano va a tener esta misma herida. No vas a ver la más mínima señal de cicatrización o paso del tiempo.
- No, no, que háces? Estás loco? Conóces el protocolo, antes de experimentar con humanos hay que hacer cientos de pruebas!!! Detente.
- Esta va a ser tu prueba máxima bastardo. Ténme lista una gasa para cuando salga. Nos vemos.

Dió un saltó y cayó dentro de la máquina, la puerta se cerró y la luz roja se encendió. Se abriría automáticamente en 7 días.

La semana pasó y la puerta se abrió.
Lo esperaba una comitiva de élite. Las mentes mas sobresalientes del mundo de la ciencia estaba esperándolo. Un enfermero también. No había que olvidar su herida.

Los aplausos y elogios llenaban sus oídos y su orgullo. Una nueva era de excelencia y reconocimiento lo esperaban. En los colegios hablarían de él y sus creaciones.

El ambiente de jolgorio ya estaba bajando su espuma cuando su rostro empalideció al comprender la realidad que le mostraban sus ojos. Sobre su escritorio había un florero de cristal fino, transparente, alargado, su forma dibujaba una silueta suave. Contenía agua hasta la mitad, pero además albergaba una flor. Una flor que estaba firmada. Una flor que no había envejecido ni un minuto más desde el momento en que entró a la máquina.



Agradecimientos para Charly y Cande.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Tips computadoriles

Es común cometer errores cuando se está escribiendo en la PC, los famosos errores tipográficos.
Se puede saber cuando alguien que está cerca comete uno de estos errores, porque se escucha el repetitivo sonido del golpe a la tecla BACKSPACE (la típica de borrar). Muchas veces la cantidad de borradas queda corta y se empieza a escribir otra vez y la primera letra se pone después del error, así que empieza otra vez la carrera borradora.
Para simplificar este proceso se puede usar la combinación de teclas CTRL + BACKSPACE, de esta manera lo que se va a borrar es toda la palabra completa, no letra por letra, que obviamente se deberá escribir otra vez.
A simple vista puede parecer más lento, pero darle muchas veces a una tecla con un mismo dedo es mucho más lento que darle a muchas teclas con muchos dedos, es decir, que van a tardar menos en escribir la palabra otra vez que en borrar hasta donde estaba el error y empezar desde ahí nuevamente. Esto no aplica en los casos donde el escribiente es horripilantemente lento y es mejor que vaya borrando despacito cada letra, levante la cara para que los anteojos se interpogan entre las palabras y sus ojos, mostrando los dientos superiores y echando levemente la cabeza hacia atrás, en una triste imagen que nadie quiere recordar, luego baje la mirada parar ayudar a su dedo índice a encontrar las teclas deseadas y así sucesivamente.
Buenas borradas

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Canción para bailar con minitashhh

Si querías un par de buenas canciones para bailar con novias/amigas/amantes/mujeres, acá tenés.
Por si les pinta mover las caderas con alguna chica.



martes, 16 de noviembre de 2010

Cosas pendientes vs Cosas importantes

Cuando uno debe hacer cosas que no quiere hacer, por suerte siempre surge algo más importante de que ocuparse.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Todo tiempo pasado fue mejor?



Esto es una publicación real del 13 de Mayo de 1955.
Increíble como cambiaron los tiempos, por suerte.
Para los que no estén tan duchos con el inglés, les dejo una traducción que encontré por ahí:


1.- Ten la cena lista. Planéala con antelación, incluso la noche anterior, para tener una deliciosa comida lista, a tiempo para su regreso. Esta es una manera de hacerle saber que has estado pensando en él y te preocupas por sus necesidades. La mayoría de los hombres están hambrientos cuando llegan a casa y la perspectiva de una buena comida (especialmente su plato favorito) es parte de la necesaria bienvenida a casa.
2.- Prepárate. Tómate 15 minutos para descansar de modo que estés fresca cuando llegue. Retoca tu maquillaje, ponte una goma en el pelo y luce fresca. Él lleva todo el día con trabajadores.
3.- Debes estar contenta e interesarte un poco más por él. Su aburrido día puede necesitar un estímulo y uno de tus deberes es dárselo.
4.- Ordena los trastos. Haz un último viaje por la mayor parte de la casa justo antes de que tu marido llegue.
5.- Recoge los libros del colegio, juguetes, papeles, etc, y pasa una balleta por las mesas.
6.- Durante los meses más fríos del año deberías preparar y encender un fuego para calentarle. Tu marido sentirá que ha llegado a un cielo de descanso y orden, y te dará un estímulo también. Despues de todo, preocuparte por su comodidad te llenará de una inmensa satisfacción personal.
7.- Prepara a los niños. Tómate unos minutos para limpiar las caras y manos de tus hijos (si son pequeños), peinales, y, si es necesario, cámbiales de ropa. Ellos son pequeños tesoros y a él le gustará verles jugar. Minimiza el ruido. A la hora de su llegada elimina todo el ruido de la lavadora, secadora o aspiradora. Trata de hacer que los niños estén tranquilos.
8.- Sé feliz al verle.
9.- Saludale con una sonrisa cálida y muestra sinceridad en tu deseo de complacerle.
10.- Escúchale. Puede que tengas docenas de cosas importantes que decirle peor la hora de su llegada no es el momento correcto. Deja que él hable primero - recuerda, los tópicos de su conversación son más importantes que los tuyos.
11.- Haz que la tarde sea suya. Nunca te molestes si llega tarde a casa o sale a cenar, o a otros lugares de entretenimiento sin tí. En lugar de esto, trata de entender su mundo de cansancio y esfuerzo y su muy real necesidad de estar en casa y descansar.
12.- Tu objetivo: trata de asegurarte que la casa es un lugar de paz, orden y tranquilidad donde tu marido pueda renovarse en cuerpo y espíritu.
13.- No le recibas con quejas y problemas.
14.- No te quejes si llega tarde o incluso pasa fuera toda la noche. Cuéntalo como un mal menor comparado con lo que él ha tenido que pasar durante todo el día.
15.- Hazle sentir cómodo. Deja que repose la espalda en un cómodo sillón o que se tumbe en la cama. Ten una bebida, fría o caliente, lista para él.
16.- Arregla su almohada y ofrcete a quitarle los zapatos. Hablale con voz baja, tranquilizadora y agradable.
17.- No le preguntes sobre sus acciones o cuestiones sus juicios o su integridad. Recuerda que es el amo de la casa, y como tal siempre ejercitara su voluntad con justicia y veracidad.
18.- Una buena esposa siempre conoce su lugar.

La Maldición del Padre Agustín

Capítulo I

Que bien que se sentía una ducha después de 14 kilómetros trotando por la montaña en una excelente mañana de primavera.
Le gustaba mantenerse en forma, el deporte era una parte importante de su vida. Cave lo acompañaba siempre, era un perro fiel. Desde chico que en el orfanato se había destacado en casi todos los deportes, pero correr era lo que más le gustaba, le permitía liberar su mente, las mejores ideas se le ocurrían corriendo por la ladera de la montaña en la que vivía con su novia, Emma, a unos 20 minutos del pueblo.
Ella también era huérfana, se conocieron en el orfanato. Él siempre supo que ella era el amor de su vida. En esos días fríos en el orfanato el calor del recuerdo de su sonrisa lo reconfortaba.
Cada vez que otros chicos eran más valientes que él y le hablaban o la invitaban tirar piedras al lago, él sentía que la había perdido por no haber tenido el coraje de intentar algo antes y hasta que ella no volvía a estar sola, no volvía a estar tranquilo. Pero era muy chico para reconocer su propia obsesión. Mil y una vez sintió que ya era muy tarde por no haber actuado antes, pero siempre volvía a estar sola. Cada vez que lo miraba él se hacía el distraído y después la volvía a mirar, ella sonreía y él otra vez perdía la mirada en otra dirección. No fue hasta mucho tiempo después de separados y ya con sus propias vidas formadas, que se encontraron casualmente una noche y esa vez por fin hizo lo que tenía hacer.

- Hola mi amor! Que tal el jogging?
- Bárbaro! Cave está agotado, corrió alrededor mío todo el camino y persiguió todo lo que se cruzó!
- Acordate que dijiste que ibas a arreglar el mosquitero del cuarto. Yo igual hoy traigo insecticida. Me voy que llego tarde.

Le dio un beso y salió de la casa. Estaba dando vuelta el auto cuando lo vio venir por el espejo.

- ¡Tomá, te olvidaste la carpeta!
- No no, está bien, dejala. Esos son los borradores, no los tengo que llevar.
- A bueno, los dejo donde estaban. Otro beso...

Recibió su otro beso y la vio irse. Sabía que no necesitaba la carpeta, pero quería otro beso de esos labios sensuales. El día transcurrió sin mayores sobresaltos.

Ya estaba la luz apagada y se estaba quedando dormido, un poco molesto por la negativa que recibió a sus intentos románticos de esa noche con ella.

- Nicolás, hay una cosa.
- ¿Que pasó?
- Me ofrecieron trabajo en capital. No me lo quiero perder.
- ¿Pero como? ¿Querés que nos vayamos para allá?
- No no, ya se que a vos te encanta vivir en una casa y salir a correr por la ladera.
- ¿Pero y como vas a hacer?
- Me voy a ir para allá. Sola.
- No entiendo.
- Lo acepté, tengo que empezar el lunes.
- Pero eso es en dos días!! ¿Hace cuánto sabés esto, recién ahora te avisan?
- Un mes, no supe como decírtelo. No quiero que te pongas mal. Igual, no me digas que no te lo imaginabas. Sabés que lo nuestro está estancado hace un año y que tarde o temprano iba a pasar. Además lo tenés a Cave que te sigue a todas partes. - Su cara demostró que no se conformaba con la compañia de Cave, también dejó ver su enojo - Yo no aguanto más la chatés de este pueblo y esta vida que es idéntica a cuando nos mudamos acá hace tres años. Perdoname que sean drástica, todos los días traté de decírtelo pero no pude.

No lo podía aceptar así no más. Ni la podía dejar ir. La discusión se puso acalorada.

- Me voy a ir y no hay nada más que hablar. Perdón si no te gusta, pero es así Nicolás. No es solo el trabajo, el tema es que no quiero estar más con vos.

Nicolás estaba fuera de si.

Una sensación extraña en su mano lo despertó. Era Cave lamiendo sus dedos. Por la luz que dejaba ver la cortina debería ser media mañana. Se metió en la ducha, tenía un dolor de cabeza tal que no abrió la ventana porque la luz le molestaba. Después de la ducha se sentiría mejor.
Emma ya se había ido, junto con sus cosas.
Evidentemente ella tenía todo organizado desde antes.
Los siguientes días pasaron, pero parecía que hacía una eternidad que lo había dejado. Los minutos sabiendo que no la tenía, eran horas. La ansiedad de que no conteste sus mails y su celular esté fuera de cobertura constamente lo carcomía.

- ¿Que pasa Cave? Vení, ¿Vamos a correr?

¿Se sentirá mal? - Se preguntó. - Que raro que no venga... ¿Lo habría afectado la ausencia de Emma? A lo mejor los perros son tan receptivos que también lo afectó el abandono. Ya se le pasará.
La pregunta era cuando se le pasaría a él.

El mosquitero seguía roto y cada vez hacía más calor, el tema de los insectos se estaba volviendo molesto.
Fue al pueblo a comprar grapas para engancharlo y que quede bien de una vez. Le pareció raro que el ferretero lo salude como si lo hubiera visto ayer. Siempre era muy agradable con su saludo y le preguntaba como andaba Emma. En el fondo mejor, no quería hablar de ella.

- Cave, ¿que te pasa? ¿Vamos a correr?? - Dale, no te hagas el duro. - Hablándole a un perro, dijo riéndose - Que mal estoy.... - ¿Vamos a correr??

Esta vez no pudo resistirse a esa frase y se unió a la carrera de la mañana.

Iba trotando cuando vio una libre, quiso agarrarlo del collar pero ya era tarde, Cave la había visto, olido y escuchado mucho antes, instantáneamente se dio a la persecución del roedor. Lo siguió todo lo que pudo, pero era un perro muy rápido.

Después de estar llamándolo por 15 minutos lo pudo ubicar por los ladridos. Se ve que la liebre se metió en una especie de cueva entre unas rocas de la montaña, pensó, porque no paraba de ladrar hacía adentro. Lo llegó a ver entrar en la cueva ignorando todos los llamados que le había hecho. Miró hacia para adentro, pero había mucha luz afuera y sus pupilas estaban muy contraídas, decidió entrar sólo 1 o 2 metros para aclimatarse a la poca luz e intentar recuperar a Cave, si no, se iría, él también sabía el camino de regreso.

Había un olor muy fuerte, debería haber algún animal muerto en ese agujero, no era muy buena idea quedarse. No fue hasta unos instantes antes de irse que distinguió a Cave muy atento a algo en el suelo. Se aproximó desconfiadamente, ayudado por el tacto intentó reconocer de que se trataba. Parecía un bolso, ¿contendría algo valioso? ¿Dinero tal vez?
Sus ojos se fueron acomodando y le mostraron lo que ya había visto Cave. Era un cuerpo humano. Se levantó de un salto y golpeó su cabeza contra el techo. Cayó sobre las piedras a un costado. Pasaron varios minutos antes de que recobrara la consciencia.
Salió tambaleándose, aguantando el vómito conformado por su reciente ingesta de fruta.

Tardó poco tiempo en llegar la policía y enseguida comenzaron a hacer su trabajo.
La noticia le pegó en la frente como un ladrillo cayendo desde un rascacielos.
Era Emma.

- ¿Pero como? ¡Está en la capital! No puede ser ella, están equivocados. No es ella.



Capítulo II

Ya le habían tomado declaración y lo mandaron a su casa, ellos se pondrían en contacto con él en cuanto tengan algo definido. Le pidieron que no deje el pueblo en los próximos días, hasta esclarecer el caso.
Fue poca la información que les pudo dar, ella se fue casi sin previo aviso y desde que se fue no le había devuelto sus llamadas.
El reporte preliminar del forense fue devastador. Violación seguida de muerte. No podía imaginar el sufrimiento por el que debería haber pasado Emma en sus últimos momentos. No se perdonaba no haber estado ahí para ayudarla.

Esa noche se le quemó la comida.

Accionó el interruptor. El tubo cobró fría vida y desparramó su luz generosamente sobre la mesa de trabajo.
Estaba revisando algunos papeles olvidados que había dejado Emma en busca de algún teléfono o forma de contacto que le permitiera averiguar que podría haber sucedido.
Fue en ese momento cuando su garganta se anudó y su mente se atormentó. ¿Como podía ser? ¿Porque estaba pasando esto? ¿Quién podría saber del Padre Agustín? ¿Porque dejarle ese post-it tan macabro?
Apuró un trago de whisky que lo ayude en ese tenso momento.
Su paso por el orfanato no solo lo dejó enamorado de Emma, también lo dejó marcado por los abusos repetidos del Padre Agustín. Quien lo amenazaba con separarlo para siempre de Emma enviándolo a un reformatorio si contaba lo que pasaba en su despacho. El Padre sabía muy bien donde apretar.
La nota del post-it rezaba:
“Ella lo merecía por irse. Me debes las gracias. Padre Agustín.”

Nicolás sabía perfectamente que el Padre Agustín debería ser muy anciano, si es que todavía vivía y no podría cargar con ella hasta ese agujero inmundo. Menos que menos, abusar de ella.

El arañazo que se hizo sobre las costillas en la cueva manchó su camisa imprimiéndole unos puntitos alineados de color bordó. Decidió limpiar su camisa en un vago intento por ocupar su atormentada mente.

Cocinar junto con a Emma era una de sus actividades preferidas. Ahora debería hacerlo en compañía de sus miedos y para peor, sin el cuchillo para picar, que no lo pudo encontrar. Era comprensible en su estado calamitoso.
Optó por bajar al pueblo a comprar una pizza.

- Ella me dejó. Fue asesinada. Me dejaron una nota maliciosamente escondida entre sus papeles. Algo está mal. Alguien está jugando conmigo. ¿Será alguien del orfanato obsesionado con ella? ¿Porque me tortura a mi ahora? Lanzó un grito que salió de lo profundo de sus entrañas y estremeció hasta las raíces de los árboles más robustos. El bosque cubrió el cielo de aves espantadas.

Pedaleó invadido por una mezcla de emociones que hacían latir su corazón más fuerte que lo era necesario para irrigar sus fibrosas piernas arremolinadas.
Su mente iba tan rápido como sus pies, describiendo el mismo círculo exacto cada vuelta. Repasando el mismo camino, una y otra vez. Dejó sus piernas quietas y se dejó llevar por la pendiente que ofrecía su comodidad inherente. Necesitaba descansar.

Cuando llegó al pueblo no entendía como era que todo estaba cerrado. ¿Que hora era? El dolor de cabeza y la fotobia producida por las luces del pueblo lo atormentaban.
El reloj del pueblo acusaba 3:04 am. Eso no era posible, cuando había intentando cocinar recién eran las 22hs. Golpeó su cabeza con la palma de su mano en un desesperado intento de acomodarse las ideas.
Siguió hasta un kiosco que permanecía abierto durante la noche y se contentó con unas barras de cereales y una bebida con un hombre corriendo en la etiqueta.
Emprendió su regreso cuesta arriba. Se lo tomó con más calma.

Su rostro se retorció como un gusano rociado con sal. Las lágrimas brotaron de sus ojos. El horror y pánico arrancaron la poca cordura que aún residía en su mente.
Cave colgaba de las cositllas en la puerta de su casa. El gancho entraba por su vientre y se acomodaba bajo su esternón. Todavía respiraba, trabajosamente. Lo bajó y vio morir. Tan mal estaba el pobre animal que en su confusión intentó morderlo. Que tormento habrá transmutado su mente que lo llevó al extremo de querer lastimar a su mejor amigo.

Ensangrentado, presionó el intercom para buscar el inalámbrico a fin de informar a la policía. Lo escuchó en su cuarto. Entró y cayó de rodillas. No lo había leído, pero un post-it descanzaba sobre el lomo del panasonic que Emma la había regalado, burlándose de él con su casual tono amarillento. Sus manos temblaban, había perdido la capacidad de leer, su mente ansiosa no podía leer todo a la vez como necesitaba.
“Si llamas a la policía prepárate para explicar porque el cuchillo que te falta concuerda con el corte en el cuello de esa maldita perra y te encerrarán para siempre”.

El sol salió de su cubil en la montaña y lentamente se acomodó sobre la casa, llenándola de vida, aunque solo se oliera muerte dentro de ella.
Los ojos de Nicolás seguían tan petrificados como desde el momento en que leyó la fatídica nota varias horas atrás. Estáticos como los de un pez, tan inexpresivos como llenos de vacío.

Era un hombre inteligente. Tendría que poder encontrar una salida a esta situación. El resto de la mañana caminó en círculos alrededor de la mesa ratona de roble en la que solían apoyar los pies cuando leían junto al fulgor de la chimenea. A ella le encantaba escuchar los chasquido de la leña tostándose.
Era claro que Agustín, como firmaba su psicópata amigo, tenía libre acceso a su casa. Que lo podía vigilar y conocía sus movimientos.
Salió a la puerta y mientras limpiaba la sangre de la entrada recorrió con su mirada todos los árboles y lugares desde donde lo pudieran estar vigilando. No había nadie. Era su oportunidad.
Entró, subió al ático y dejó la notebook filmando el camino de entrada a la casa.

Esperó un par de horas y salió haciendo el mayor ruido posible, a fin de que su observador, en caso de estar espiándolo, lo vea irse y se anime a entrar para dejar otra de sus nefastas notas ponzoñosas.

Volvió con algunas compras del pueblo y subió directo a buscar la notebook.
Achinó lo ojos intentando reconocer algo que se acercaba a su casa desde el lado del pueblo. Al principio no estaba tan claro, pero luego entendió que Agustín también andaba en bicicleta. Soltó una risa desganda. - El muy miserable anda en bicicleta para confundir sus huellas con las mías. Era muy astuto. Pero no lo suficiente, la notebook lo había capturado y pronto tendría una imagen de su psicótica cara.
Agustín se aproximó a la cámara más y más, con una frescura indignante. Dejó la bicicleta a un costado, y caminó hacia la puerta manteniendo la mirada en el suelo, justo antes de desaparecer bajo el techo de la puerta de entrada se detuvo. Esperó unos segundos y levantó la cabeza, miró hacia la notebook, hizo un guiño y entró.

Nicolás se agarró la cabeza en un desesperado intento de arrancarse las ideas que la cruzaban. Que puto juego macabro era este. Agustín tenía su cara, su pelo, su cuerpo, su ropa, su vida.
La lógica tranquilizó su mente. Su corazón se llenó de esperanza. Ahora entendía. El siempre lo supo, estaba seguro que tenía un hermano en algún lugar del mundo. Ahora sabía que lo tenía sin dudas. Y no solo lo tenía, eran gemelos. Pero era malvado.



Capítulo III

Tenía que ordenar todos los factores. Pensar bien que le iba a decir a la polícia. Ellos entenderían perfectamente. Esa semana había sido terrible para él, pero no se daría por vencido tan fácilmente. Tenía la filmación, la gente del pueblo podría confirmar que lo vieron comprando provisiones en el mismo momento que su hermando aparecía en cámara. A lo mejor la policía podría exigir su expediente al orfanato y confirmar que tenía un hermano gemelo.

El agente que le tomó declaración pareció creerle. Eso pensó él. Si no, no lo hubieran dejado ir. Lo hubieran retenido e interrogado.

El timbre quebró el aire y anunció la presencia de alguien en la puerta.
Un poco temeroso soltó un - ¿Quién es? - Agente Lopez y la oficial Ramirez, abra por favor. Necesitamos hablar con usted.

- Sí, por favor. Pasen. ¿Les puedo ofrecer algo de tomar?

Los invitados se miraron, tomaron aire y sin contestar a la pregunta le pidieron que por favor se sentaran, haciendo un gesto hacia el living. Tenían el informe de la autopsia y necesitaban unas respuestas por parte de él.

- ¿Podría ser tan amable quitarse la camiseta? Si se siente incómodo la oficial puede voltear.
- No no, esta bien. ¿Pero porque me pide esto?
- Sólo hágalo por favor. - Nicolás ejecutó la orden y expuso su deportista contextura. - ¿Podría decirnos como se hizo ese rasguó sobre las costillas?
- Ah, no se muy bien, me raspé cuando caí en la cueva aquel día negro del que usted ya sabrá.
- Si, estamos al tanto de ese día. Mire señor, no le voy a mentir. Encontramos señales de forcejeo y restos de piel debajo de las uñas de la difunta, Emma Thomson.
- Si, se en que condiciones pasó sus último minutos y prefería no conocer más detalles hasta estar más tranquilo. ¡Pero quiero saber que pasa con mi hermano! ¿Pudieron averiguar algo? ¿Consiguieron mi informe del orfanato?
- Señor, como le decía, encontramos restos de piel debajo de sus uñas. El ADN concuerda con el suyo.
- ¡Obvio! ¡Pero se equivocan! Ya avisé que tengo un hermano gemelo, que por alguna razón quiere destruirme y robarse mi vida. Lo tengo todo filmado.

Luego de ver el vídeo, los miró con una sonrisa indulgente.

- Ven, ven. Solo alguien con una mente enferma puede hacer esto.
- Lo sentimos, pero al único que vemos en el video es a usted salir y entrar 2 veces. Además tenemos el informe del orfanato. Sabemos los abusos que sufrió, y también sabemos de Ricardo.
- No se de que hablan. Bueno, si se, respecto a los abusos. - Hizo una pausa intentando despejar su mente que de pronto estaba sufriendo una invasión de perturbantes recuerdos. - Pero no se quien es Ricardo. Porque no me explican. - Dijo con un tono cansado y resignado, mostrando su poco interés por saber de quien se traba.
- Si nos permite le vamos a colocar estas esposas. Es el protocolo.
- ¿Perdón? - Expresó mientras se ponía de pié. Sus cejas señalaron su enojo. Su mirada no se quedaba atrás. - ¿¡Ustedes me están jodiendo!? ¡Ya les mostré el video, ya les expliqué! ¡Mató a Emma! ¡Mató a mi perro! ¡Es completamente real! ¿En vez estar buscándolo me quieren llevar a mi?

También se pusieron de pie y le pidieron gentil, pero firme y pausamente, mientras sostenían un brazo al frente y el otro cerca del arma, que se ponga de rodillas y ponga las manos en la cabeza.
Fue en ese momento en que llegó Ricardo para aclarar los tantos.

- ¿El muy imbécil tuvo que llamarlos, no? El miserable desagradecido no solo no me dió las gracias por ocuparme de esa perra que lo dejó, ni por hacerme cargo hasta de él mismo mientras ese hijo de puta del Padre Agustín se divertía en su despacho. A ese tendrían que estar buscando. No a mí. Yo soy su salvador. Hago por él las cosas que no se anima a hacer porque es un cagón. ¡Como esto!

Estiró el brazo y tomó el atizador, giró sobre su rodilla y lo clavó en la pierna del agente, aprovechó la facilidad que le ofrecía la corbata que pendía del cuello del agente para tirar hacia abajo y hacerlo golpearse la cabeza contra el resistente roble. Ya estaba a punto de ir a por ella, cuando una bala calibre 9 milímetros lo encontró en su camino.
Cayó al suelo y tosió sangre.

La oficial Ramirez se acercó y lo miró a lo ojos atentamente.

- ¿Que pasó? ¿Me caí? Me arde el pecho. - Se miró las manos teñidas de su sangre. - ¿Que me pasó?

La oficial se aproximó a su oído y lo tranquilizó con las palabras justas que necesitaba escuchar en ese momento.
Nicolás sonrió frágilmente con las pocas fuerzas que le quedaban, una lágrima rodó por su sien. Cerró y abrió los ojos lentamente. Una inmensa sensación de serenidad calmó su aturdido corazón. Ahora podría trotar por la ladera de las montañas con su mejor amigo y todos los días iba a brillar el sol para él.

martes, 9 de noviembre de 2010

Inmediatez


El mundo se dirige a una necesidad de inmediatez preocupante. Cada vez es más la necesidad de obtener la satisfacción buscada en el menor tiempo posible. Se dirige a una cultura de sensualismo vacío, consumismo y una falta importante de reflexión y perspectiva personal (creo que ni yo estoy entendiendo lo que escribo, pero voy a seguir).
Conexiones a Internet cada vez más rápida para poder consumir más velozmente todos los videos y contenido que ofrece. Consolas de juego que prometen solo unos segundos de inactividad entre que el personaje muere y revive para poder seguir jugando, la posibilidad de grabar cualquier programa de televisión para no tener que esperarlo y verlo justo en el momento en que tenemos ganas, el abandono de tareas que requieren de gran esfuerzo para la obtención de resultados. Cursos "rápidos" o cortos, "aprenda XXX en 24hs". Todo tiene que ser ya, como muy tarde.

Esto empezó en los 80, no es algo de ahora. Es una cultura que lenta pero sostenidamente se va acomodando entre nosotros.

La continuidad en los trabajos es mucho mas inestable, las amistades se gestionan on-line, el porno reina en el caché del Internet Explorer, la comunicación es tal que abruma, es instantánea pero llena de impersonalidad, los hornos de microondas que entregaban comidas listas en minutos o segundos, la películas donde se crea el ambiente de suspenso y el tiburón aparece pasados los 1eros 40 minutos ya casi se perdieron. Es mucho más fácil ver la película que leer el libro. También es más rápido. La ansiedad es tal, que leer un libro estresa debido a la lentitud con la que se puede avanzar por las páginas.

El deseo, el esfuerzo, el logro se esfuman ante la inmediatez del ya. Todo es tan veloz que no queda tiempo para pensar y menos aún crear, solo consumir. Y consumir rápidamente.
La cultura de la inmediatez tiene una memoria frágil que pronto es dejada atrás. Se busca un aprovechamiento de las oportunidades que se presentan, pero no se actúa para generarlas.
La corrupción misma es una forma desenfrenada de obtener lo que se busca sin hacerlo con el esfuerzo que implica.

Ni siquiera se juega a los juegos de consolas como están pensados. No hay chance de esperar a que el juego evolucione y presente sus bondades, el jugador no resiste más de 10 minutos sin meterse en Internet a buscar los trucos que le permiten obtener las armas, autos o lo que sea con solo presionar una combinación de teclas en el control remoto.
La búsqueda de la satisfacción es un círculo vicioso porque se pierde el Norte, el disfrute debería estar en el camino que se recorre para llegar el objetivo y no solo en obtener ese objetivo en la menor cantidad de segundos posibles. Además, como ya sabemos, ese objetivo pierde su valor desde el mismo momento en que es obtenido.
Todo esto lleva a un nivel de ansiedad insaciable per se.

La tecnología con la que muchos grandes escritores soñaron hoy está acá. Es real y apabullante. Pero depende de nosotros el poder que pueda tener sobre nuestras vidas.