sábado, 14 de septiembre de 2013

Todo lo que usted diga será sacado de contexto y usado en su contra

Hace poco estuve charlando con un amigo psicólogo del tema de las discusiones. Pero más que nada, las discusiones en las parejas.

La idea de la conversación era que muchas veces, en una discusión, cuando se discute, no se discute por la verdadera razón que se argumenta durante la discusión (dije muchas veces discusión, no?) si no por otras razones ocultas.
Si se expresara la verdadera razón de lo que está pasando, probablemente no habría nada que discutir, o por lo menos, no habría tanto sobre qué hacerlo.

El problema es que si se encara una situación apoyándose en argumentos en los que uno busca tener la razón y en los que se siente seguro y no en el único argumento o aspecto que le molesta, entristece, hace doler o lo que sea, no necesitaría entrar en una confrontación de razones, un tire y afloje. Su queja sí tendría sentido. Puede que haya otros casos donde alguno de los dos esté buscando un roce, pero en realidad lo que busca es testear la solidez de la pareja. Pero ese es otro tema.
¿Qué se le podría decir a una pareja que te dice “esto me duele”? Contra eso no se puede discutir ni pelear.
Puede ser que lo que le genera el dolor a una de las partes sea algo que forma parte de la vida del otro y pretender un cambio en ese aspecto sea mucho pedir. Pero no es algo que se pueda discutir.
Quizá puede generar enojo, por impotencia por ejemplo, pero no mucho más que eso. Discutir propiamente dicho sobre un sentimiento, no tiene sentido. Si alguien te dice que le duele la cabeza, no podés estar en desacuerdo. Aunque es importante destacar que el tono en que se diga juega un papel clave, porque podría pasar de ser una confesión a ser una acusación.

Si en cambio, se plantea una serie de argumentos y se intenta convencer a la otra parte de que esos argumentos son válidos, es mucho más probable que se entre en una discusión. Lo peor de todo, es que son muy bajas las chances de que alguien salga ganando. Si alguno de los dos es muy buen desarticulador de los fundamentos del otro, probablemente “gane” la discusión, pero verdaderamente pierden los dos. La razón de esto es que el dicho ganador no llega realmente a permitir que su pareja conozca las razones de su malestar ni se permite conocer las del otro, además no soluciona el verdadero problema y para colmo, deja a su pareja en una situación de disconformidad que pronto saldrá a flote otra vez.
Discutir no es tan malo, puede ser que a veces una sana discusión sea necesaria, lo malo es discutir por los argumentos expuestos y no por las razones que realmente están afectando a alguno o a los dos inclusive. Porque no solo se desgasta la pareja, si no que además no se soluciona el problema.

Otra cosa interesante de la que hablábamos es de cuando en el medio de la discusión, en el momento en que el rumbo ya está perdido y hasta se podría haber llegado a una situación donde se digan cosas con intenciones de lastimar, se aproveche un error de expresión de alguna de las partes y toda la discusión se convierta en una guerra de definiciones y todo se reduzca al significado de una palabra que no tiene ni por cerca la importancia de la razón por la cual se está discutiendo, que además, en realidad, nunca se expresó o se hizo disimuladamente. Cuando pasa eso, es un ejemplo claro de discutir por algo que no es la verdadera razón del problema, y donde “ganando” esa discusión seguro que pierden los dos. Esto puede pasar muchas veces cuando una de las partes entiende que está discutiendo un sin sentido, en vez de detenerse y replantear lo que está pasando, lleva la discusión a ese detalle, casi por orgullo me atrevería a decir, donde siente que está discutiendo algo defendible y lógico, no como las excusas que lo llevaron a esa situación.

El tema es que si algo duele, es una zona vulnerable, y si se tiene un problema con eso, lo más probable es que no se lo quiera exponer, que se lo proteja mostrando otros argumentos o razones en las que la persona se sienta mucho más fuerte y confidente. Claramente, al fin y al cabo se llega a una discusión sin sentido. Esto es un punto clave y centraliza la idea.
Debo reconocer que me pasó más de una vez.
Me parece que si una pareja vale la pena (esta frase: “vale la pena”; es una bomba, ya la voy a comentar en otro momento) entonces es cuando más sentido tendría exponer esa parte débil, conversarla para buscar la mejor solución y no deteriorar la calidad de la relación peleando por un número de razones sin sentido real.

El resumen es que antes de pelearse o discutir con una pareja hay que ser muy sincero con uno mismo primero, entender que es lo que realmente le molesta, aunque se sienta un tonto aceptándolo y una vez que uno se haga amigo de esa parte suya, contarla a su pareja. Y acá hay un punto fuerte que destacó mientras hablábamos, contarle a su pareja. Contarse el uno al otro lo que pasa, ni siquiera diciéndolo. Yo te cuento y vos me contás. Nos contamos.
 
Cada uno que lea esto, que tome lo suyo.

EDIT 03/11/10: Lo escribí Vale la pena.


jueves, 11 de julio de 2013

Argentinos

Somos capaces de mucho más. Tenemos muchísimo talento. Lo que faltan son huevos.

domingo, 18 de noviembre de 2012

El mejor libro del mundo


El mejor libro del mundo, la mejor foto del mundo o la mejor "cosa" que se pueda representar con una imagen, un sonido, un video o casi cualquier formato creado por las personitas humanas, es susceptible de ser el mejor de su clase.

Si, ya se que no estoy expresando una verdad oculta y deslumbrante. ¿Pero qué tal si digo que esa mejor creación de la humanidad, que técnicamente siempre podría ser superada, podría ser creada a partir del azar? Sin ningún tipo de amor, pasión o movimientos magistrales.

¿Cuánto valdría un libro escrito por un gran autor en comparación a otro libro, mucho mejor, escrito por una computadora? Peor aún, escrito por una computadora que simplemente lo escribió poniendo palabras una a continuación de la otra sin ningún tipo de inteligencia o razonamiento que defina esa secuencia.

Es decir, si alimentamos una computadora con todas las palabras del diccionario y creamos un programa que genere secuencias de palabras, en todas sus combinaciones posibles, de forma de escribir libros de una cierta cantidad de hojas, uno de estos libros, será una de las creaciones literarias más grandes de la humanidad.

Podría ser un libro que haga llorar, emocionar, cuestionarnos todos los aspectos importantes de nuestras vidas, ayudarnos a mejorar y contribuir a nuestra sociedad. Técnicamente...


martes, 22 de mayo de 2012

Querer es (el) poder

Siempre pensé que la frase “Querer es poder” era un poco ingenua. Desde chico deseé tremendamente poder volar (en sentido literal), pero por más que quisiese, no poseería los poderes necesarios, salvo que fuese de nativo de Kriptón, pero no es el caso.
Claramente, esa no era una respuesta esperable para una frase típica, repetida sin mayor análisis, como la recién mencionada.




El tema es que puede ser que yo lleve 3 décadas y media equivocado.
Explico: Una gran frase a mi gusto es “el conocimiento es poder”. Empiezo a pensar que la idea es la misma para el caso de “querer es poder”.
En el primer caso no hay posible confusión, pero en el segundo, si la hay, aunque para mi no la había, ya que la interpretación era una sola. Ahora también sigo pensando que hay una sola, pero es la que acabo de descubrir. Es que me gusta más...

En un flash mental decidí que la frase “Querer es poder” ya no significa que si quiero voy a poder, significa que mi energía puesta en querer me da poder.

The Pursuit of Happyness, es una película que vi, de mala gana, hace varios años ya. A pesar de ser con Will Smith, es un peliculón, drama biográfico. La recomiendo.
Como me suele pasar, me olvido totalmente de lo que pasa en las películas que veo, pero me quedo con frases, y esta película me dejó una que no me olvidé más:

- Eh! Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo, ni siquiera yo, ¿de acuerdo?
- Ok.
- Si tienes un sueño tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tu tampoco puedes. Si quieres algo ve a por ello y punto.

Obviamente la guglié, para poder transcribirla literal, pero no me la olvidé más. Y de hecho, escuché muuuchas veces decir cosas como “no se puede”, “si no tenés mucha guita (dinero), olvidate, es imposible”, “para eso tenés que tener mucha suerte”, déjenme decirles que la suerte favorece a los preparados.

Las limitaciones para obtener las cosas físicamente posibles que deseamos están sólo en nosotros. Es algo que hay que entender profundamente, no se soluciona leyendo un blog en internet que lo diga.
Es sólo en el momento que entendamos que sólo podremos conseguir algo importante para nosotros y nuestra vida, si verdaderamente lo deseamos. También aplica a cosas poco relevantes como un celular o una bicicleta, pero en esos casos el reto es leve.
Hablo de encontrar un trabajo que no sólo rinda dinero, si no también satisfaga la pasión. De sobrepasar una limitación física, de aprender cosas nuevas que pensamos que nunca podríamos, de alcanzar sueños abandonados por cumplir a rajatabla la ley del menor esfuerzo.

Esto es una concepto tan poderoso que podría hacernos millonarios, o pobres.
El conocimiento de este tipo de cosas de la vida nos da poder sobre ella y sobre nosotros, nos permite ser nuestros propios dueños. Querer fuertemente conseguir algún objetivo, ya nos hace súper poderosos.




Si querés algo, buscalo. El resto son sólo excusas.

lunes, 17 de octubre de 2011

Ella

Nada detenía su movimiento. Ninguna fuerza se oponía a su trayectoria. El universo era suyo. Era su casa, por la que andaba desnuda y sin vergüenza.
Implacable. Indiferente. Insensible. Impasible.
Nada parecía importarle. Ni siquiera los eones que llevaba perdida.

Por fuera se la veía brillante. Orgullosa. Majestuosa.
Por dentro estaba vacía. Apagada. Sucia. Llena de olor a muerte.

Pero el universo, por más grande que sea, tarde o temprano enfrenta a los cuerpos que lo circulan en espectaculares encuentros.

El campo gravitacional de un planeta gaseoso acarició su masa. Lentamente curvó su trayectoria y la empezó a atraer hacia él. No la iba a soltar.

Paulatinamente el calor la fue acobijando. Luego comenzó a ablandarla. Más tarde la incineró.

Nadie lo notó. Probablemente, ni ella misma.

Su paseo sin rumbo había terminado acaloradamente. Por cierto, de la misma forma que había comenzado.


Dawn of the Dead

Después de ver el video de esta canción:


Pareciera que el mundo no tiene salvación.

Es sorprendente como un bajísimo porcentaje de la población, sólo por el hecho de estar estratégicamente ubicada (cada uno en su zona) puede cambiar el curso de todo la humanidad.

Para rematarla, cuando terminó, me apareció una publicidad de CFK al lado!! chan

domingo, 18 de septiembre de 2011

Saber lo que uno quiere. Arma de doble filo.

¿Qué estaría más bueno? ¿Saber que es lo uno quiere o saber lo que uno no quiere?
Por bastante tiempo pensé que yo sabía que era lo que si quería, también sabiendo un poco que era lo que no quería, pero de todas formas, mucho más centrado en lo que sí que quería y fuera del camino de lo que no quería.
El tema es que al final estoy bastante más ubicado en un lugar que antes no quería, que en uno en que sí quería. Pero eso no es necesariamente malo.
Lo malo de saber lo que uno quiere y conseguirlo, creo que sería que no habría sorpresas, no habría momentos inesperados que produzcan cambios importantes. Todo sería demasiado planeado. No se si alguien puede saber tan claramente lo que quiere como para hacerse un plan, que podría no ser el adecuado.
Saber lo que uno quiere es casi como vivir de acuerdo a un plan que lo tiene a uno mismo, y no como si uno tuviera el plan.
Tener muy claro lo que uno quiere, o mejor dicho, pensar que se tiene muy claro lo que uno quiere, podría llevar a conseguirlo, lo que podría ser una gran catástrofe.
Lo bueno de saber lo que uno no quiere, es que puede evitar esos caminos e ir eligiendo otros que ofrezcan diferentes alternativas y que un día una de esas complete alguna parte de las varias cosas que se buscan.
De esta manera, la vida tendría muchas más sopresas, y lo que es mejor, siempre se estaría a tiempo para tomar cualquiera de esas cosas con una etiqueta de “esto no lo quiero” y tacharle la parte del no. Guiarse por lo que uno no quiere abre un abanico tremendo de oportunidades y cosas nuevas en las que a lo mejor ni se había pensado.
En cambio, tener un plan, que al final lo tiene a uno, puede ser el camino perfecto para levantarse un día y darse cuenta de que la cagó.
Y eso es algo que no quiero.

jueves, 1 de septiembre de 2011

DeLorean

Desde su niñez ya sabía lo que era una parajoda, las líneas de tiempo, las líneas de tiempo alternativas, los “loop” temporales, los agujeros de gusano, las singularidades, los agujeros negros y hasta cierto punto comprendía los ínfimos misterios de la mecánica cuántica.
Había leído ciento de cuentos e historietas de ciencia ficción (y no tanto) que sumadas a su formidable capacidad de análisis lógico lo habían convertido en uno de los científicos más exitosos de su época.

El problema con él, era su noble corazón, no le permitía aprovechar las ventajas que muchas veces se le presentaron. Si algo había aprendido del hombre común que fue su padre, era que un hombre digno, es un hombre de bien.
Digo problema, porque sus superiores y compañeros, tampoco se podían ver beneficiados de estas situaciones ventajosas, y de ética dudable, que Sebastian dejaba pasar (su nombre se escribía sin la tilde ya que había sido mal registrado en su acta de nacimiento, pero a él le gusta así).
A pesar de todo esto, Sebastian era un activo del que el proyecto no podía prescindir.

Estaba construyendo una máquina del tiempo. Era posible. Él ya lo sabía, lo complicado era construirla con los elementos que la ciencia le podía proveer.

Nunca tuvo tiempo para el romance, sólo algunos cortos encuentros con una vecina en una época, otros más cortos y complicados con una compañera del proyecto, y quizá alguno más. Pero su vida era la ciencia. Él era un hombre de ciencia y no había lugar para distracciones. Sólo era abrazado, de vez en cuando, por la nostalgia de no haber tenido un hijo, pero sabía que tampoco tendría tiempo para él. No podía afrontar distracciones.

Su verdadera preocupación era el uso indebido que se le podría dar a una máquina con tanto poder sobre la vida, la humanidad y el universo mismo.

Una máquina así, en las manos equivocadas, podría convertir a la humanidad a la esclavitud. Lo difícil era saber cuales no serían las manos equivocadas. Una vez que esté listo, ya no sería su proyecto, sería propiedad del gobierno y le sería arrebatado.

Sebastián era consciente de lo peligroso que era el alcance del proyecto que dirigía, pero la pasión lo cegaba con su femenino encanto y seducción.

El funcionamiento era muy simple. La máquina constaba de una cámara de transferencia que permitía tanto la entrada como la salida de los viajes temporales.
El riesgo de cada viaje era altísimo.

¿Qué sucedería si uno viaja 10 años en el futuro y al momento de su arribo una falla eléctrica desactivara la cámara? Quedaría atrapado fuera del tiempo y del espacio desaparaciendo instantáneamente, en el mejor de los casos...

Pero el momento llegó. Su sacrificio y la entrega de su vida y energías al proyecto habían logrado su cometido.
El DeLorean, como se animó a llamar a su invención, en tributo al vehículo utilizado para viajar en el tiempo en la afamada película de Volver al Futuro, estaba listo.
No tenía ruedas, ni siquiera se movía, pero permitía viajar por el tiempo, cualquier nombre que tuviese sería aceptable.

13 de Junio era el día en que el DeLorean sería puesto en producción. Por cuestiones personales, era una fecha importante para él.
Una vez que se ponga en funcionamiento será imposible desactivarla. Todos los sistemas se crearon por triplicado, y la seguridad era total.
Nunca, pero nunca, podría volver a ser desactivada. Era imposible calcular cuando se podría recibir a un viajero del futuro. Siempre se debía estar listo para el arribo. Todos los viajes al pasado serían una sorpresa en su llegada, a diferencia de lo que sería un viaje al futuro.
El hecho de enviar alguien al pasado altera el curso de la línea de tiempo, de esa forma, sólo enviándolo se sabría si pudo llegar sin problemas en su viaje al pasado. Por consiguiente, hasta que no se haga un envío al pasado, la historia no tendrá registros de ese envío.

El día esperado llegó.
Todos los sistemas estaba listos.
Una vez que se presionase el botón rojo, no habría vuelta atrás, irónicamente.

Sebastian tuvo el honor.

Instantáneamente comenzó a sonar la alarma, todos los sistemas se activaron, la llegada de un viajero del tiempo estaba sucediendo.
La sonrisa en el rostro de Sebastian expresaba la felicidad que lo colmaba.

En su cabeza todo tenía sentido ¡que mejor fecha para un viaje al pasado que el mismo momento en que la máquina fue puesta en funcionamiento!

La cámara despedía haces de luz tremendamente intensos, todos apresuraron a ponerse las gafas protectoras para poder presenciar el suceso.

La alarma terminó su trabajo y el silencio volvió a colarse en el salón.
Los sonidos de los golpes de aire de la descompresión de la cámara volvieron a llenar el aire de vibraciones.
La puerta se abrió.

Era Sebastian.
Su estado físico era deplorable, en un cálculo rápido se podía decir que estaba unos 30 años más viejo, pero no solo viejo. Desgastado. Mal tratado.
Sostenia en su temblorosa mano derecha un artefacto de forma esférica, con una luz roja que se encendía y se apagaba al son de un característico pitido que sonaba a breves intervalos.

Sebastian se quitó las gafas y corrió hacia cámara, tomó al recién llegado del hombro y le preguntó.

- ¿Qué pasó? ¿Qué está pasando?

El golpeado viajero del tiempo dejó escapar y rodar libremente una lágrima sobre su mejilla. Sebastian entendió instantáneamente y también cedió a sus ojos un reconfortante baño de lágrimas.

- El mundo, el hombre, no está listo para esto, de hecho, nunca lo estará. Créeme. Yo lo sé. Tu lo sabes. Ésta es la única salida, ya lo he intentando muchas veces.

El artefacto cumplió su labor y generó una explosión que devastó toda la zona dejando un cráter como recordatorio del peligro de jugar con el tiempo.

domingo, 28 de agosto de 2011

Como madre e hijo

Hacía tiempo que ya había usado la rueda de auxilio, así que este atajo equivocado que había tomado lo estaba incomodando.

Cada piedra, cada agujero, parecía estar a punto de dejarlo a pie. Pero ya era tarde, faltaban muchos kilómetros por recorrer y no quería aminorar la marcha.
Su capricho, como suele pasar con los caprichos, no lo llevó a buen puerto. Una roca filosa abrió un gran siete en la banda lateral de su goodyear agrietada que calzaba en la llanta delantera derecha. Cada una de las cubiertas era de una marca, y por lo tanto, modelo distinto, pero todas eran viejas, eso si era algo que tenían en común. También estaban mal cuidadas, igual que el resto del auto, y sin necesidad de volver a mirarlo, como la imagen que mostraba al mundo su propia persona.
Su barba mal afeitada y arrugas que sus ojos disparaban hacia los costados caracterizaban su cara hacía varios años. También su paleta amarronada de tanto apoyar el cigarrillo sin filtro en el mismo lugar de su boca.

Se encontraba en cuclillas, mirando con asco la rueda magullada. En parte por estar haciéndolo con resignación y en parte porque el sol de poniente daba directo sobre sus ojos.
Se puso de pie e hizo un paneo sobre el paisaje. Seguía con su cara de asco.
No había nada que pareciese indicar civilización. Todo era descampado y un camino de tierra polvoriento.
Sosteniendo su expresión en la cara, tomó algunas cosas del auto y emprendió un pesado andar en la dirección que se dirigía, sabía que de donde venía, debía moverse a 40 Km/h durante dos horas para alcanzar la carretera. Era probable que hayase algo antes si continuaba avanzando. A 3 o 4 Km/h en este caso.
Pronto sólo la tenue luz de la media luna que colgaba del firmamento iluminaba el camino. Siguió caminando.
Y siguió caminando.

Ya habían pasado un par de horas cuando llegó a una división. El maldito camino se dividía en dos. La mitad que se abría hacia la izquiera era mucho más ancha que la que lo hacía hacia el otro lado. Siendo así, probablemente el camino a su derecha, que estaba mucho menos marcado, era recorrido a pie, así que sería su mejor alternativa.
Llegó a una casa, vieja y sucia, pero una casa al fin.
Se aproximó desganadamente, subió los crujientes peldaños de madera que antecedían a la puerta, y la hizo sonar con un algunos toques de sus nudillos.
Ya era cerca de media noche, no era un hora apropiada para presentarse sin previo aviso. Poco le importaba.
La puerta se abrió y una mujer tan enjuta como anciana, se paraba detrás del mosquitero.

- Hola. - Le dijo intentando borrar la expresión que lo acompañó en su caminata.

La anciana lo miraba extrañada. Casi como si lo reconociese. Como si le resultara familiar. Pero no respondió al saludo.

- Hola. - Repitió. - Disculpe que la moleste a esta hora. Tuve un problema con mi auto.
- Sí, seguro. - Dijo ella. - ¿Que otra cosa lo traería a mi puerta?

Le hizo un gesto de asentimiento. Cada vez tenía menos ganas de estar ahí.

- ¿Cómo puedo ayudarlo?
- Mi auto está muy lejos de aquí. Siendo que ya está entrada la noche, ¿podría usted hospedarme hasta mañana? No seré una molestia, sólo necesito dormir un poco. En agradecimiento podré ayudarla con algún trabajo en su casa o necesidad que tenga.

La ancianita emitió un sonido aprobador, sonrió tonta o inocentemente, como una niñita y lo invitó a pasar.

- ¿Tendrá hambre también?
- Como le dije. No quiero molestarla, con un sitio para dormir será suficiente para mí.
- Pero jóven, ¿qué clase de mujer sería si no pusiera un plato en la mesa para un hombre hambriento que se hospedará en mi casa?

No lo dejó moverse de la cocina. Le calentó algo que ya estaba en la cacerola y se lo sirvió en un plato rajado.
Parecían verduras hervidas con alguna clase de carne. No recordaba haber recibido una imagen tan desagradable de un plato de comida.
La miró buscando alguna excusa para rechazar eso que se le había impuesto.

- Son verduras de mi propio jardín. Verá, estoy muy lejos del pueblo como para ir de compras, tengo mi propia huerta. Es todo muy sano. Soy una mujer independiente ciento por ciento. Un poco solitaria, pero ya está usted aquí.

La expresión de Roberto no acompaña las palabras de la mujer independiente.

- Coma. - Dijo poniendo el oxidado tenedor sobre el plato.

La verdad es que tenía hambre y estaba cansado. Comería y se iría a acostar. Pronto podría seguir su camino.
El sabor fue tan desagradable como la apariencia de la comida. Seguía sin saber que carne era, pero cuanto menos pregunte, mejor.
Terminó de comer y se acostó, vestido como estaba, sobre la cama rechinante que se le concedió.

Ya estaba amaneciendo cuando se despertó con un tremendo dolor de cabeza que punzaba sobre su cráneo.
Quiso tomarse la cabeza con las manos, pero algo lo impedía.
Abrió los ojos.
Seguía en el mismo cuarto, acostado en la misma cama. Pero sus manos y pies estaban atados. Apenas se podía mover.
Haciendo el menor ruido posible, comenzó a forcejear intentando liberarse. Sus esfuerzos eran en vano. Estaba muy bien atado. Todavía había poca luz y no podía ver como eran las ataduras, pero eran muy resistenes. Cuero tal vez.

La mañana transcurrió, sus gritos e insultos no fueron respondidos. Hasta que Isabel se presentó en la habitación.

- Buen día dormilón.

Robertó explotó en agresiones y amenazas que soltó durante cerca de un minuto, en el que casi no se ocupó de respirar.

- Yo también he dormido bien hijo. Gracias por preguntar.
- ¿Su hijo? ¡Muerto antes que ser su hijo vieja asquerosa!
- Seguro. - Respondió con sequedad y firmeza. Luego cerró a la puerta tras de si.

No fue hasta la noche que su madre volvió a la habitación.

- ¿Te comportarás amablemente o te quieres ir a dormir sin comer?

Roberto estaba desesperado. No había podido soltarse en todo el día. Estaba deshidratado, lo cual sostenía su dolor de cabeza que no había cedido.

- Seré bueno. Necesito agua.
- Claro. - Dijo Isabel. - Te traeré un poco. Ya vuelvo.

Volvió con un vaso de vidrio lleno de agua sucia. La bebió a pesar del olor y desagradable sabor.

De un pequeño agujero en el suelo salió un ratón, guiado por el sócalo de la pared, caminaba sigilosamente blandiendo su nariz agitada.
Isabel, con una velocidad que sorprendió a Roberto abrió un cajón y sacó una trampa ya lista para atraer y capturar roedores.
La ubicó en una esquina. Se echó hacia atrás, miró a Roberto, le guiñó el ojo y se sentó a esperar.
Pocos segundos duraron los chillidos del pequeño mamífero agonizante.

- Esta noche cenaremos algo más que solo verduras hervidas. Exclamó alegremente. Tú sólo espera aquí.

Se fue a cocinar tarareando una canción que le recordaba a Frank Sinatra.