jueves, 28 de octubre de 2010

Un día de camping - 2da parte

(1era parte)
Ya estaba amaneciendo. Prácticamente no había podido dormir. Los ruidos y el miedo a caer del árbol lo persiguieron toda la noche.
Debería esperar por ayuda o alejarse de aquel lugar? Si esperaba, cuanto tiempo podría pasar hasta que alguien llegue? Y si alguien llegara, podría confiar en ellos? Su colega de años intentó matarlo, o esa era su más probable intención. Era demasiadas preguntas. Prefirió intentar escapar.
Sabía que ir hasta el río era muy peligroso. Acercarse a la orilla lo expondría y podría ser visto desde cualquier lado. Debería resistir y privarse del agua que tan lejos no estaba, porque se llegaba a escuchar.
Caminó en sentido hacia la carretera. No era muy transitada y hoy no era la excepción. Supo que muy a su pesar, no podría caminar por el medio porque sería presa fácil, así que se mantuvo a un costado.


Luego de varios kilómetros un sonido familiar llamó su atención. Era un motor. Sea quien sea, por lo menos tenía la capacidad de conducir, lo cual a su criterio, lo diferenciaba del comportamiento animal que observó en las personas del campamento.
Esperó hasta que esté cerca y salió al medio de la carretera casi sin dejar una distancia suficiente para que el vehículo detuviera su marcha. De hecho la distancia no fue suficiente y lo golpeó, cayó sobre el capot y rodó para un costado.
Otra vez su sistema nervioso central hacía caso omiso de las señales que recibía de sus sensores.
Víctor se levantó y vio con alivio que el coche estaba siendo conducido por Sally, una chica estadounidense que venía a compartir métodos de enseñanza para los boy scouts. Ella estaba aferrada al volante con las 2 manos, parecía físicamente sana, pero su mente estaba gravemente herida.

- Sally, soy yo. Víctor. Te acuerdas de mi? No quiero hacerte nada. Solo quiero ir contigo.

Sally no podía hablar. Estaba totalmente consternada.
Decidió que mientras ella estaba paralizada, debería subir antes de que de sea tarde.
La cara de Sally cambió. Víctor aterrado miró hacia donde miraba ella. Había una persona parada al costado de la ruta, 30 metros delante del auto. Le faltaba un brazo, pero su cara estaba completamente inexpresiva. La herida del brazo cercenado no sangraba. Los 3 se quedaron estáticos, hasta que este individuo que inexplicablemente se mantenía de pie comenzó a acercarse directamente hacia ellos.
Las ruedas comenzaron a chillar, el auto todavía no avanzaba, pero estaba a punto de hacerlo. Sally gritaba y presionaba el acelerador con todas sus fuerzas. Víctor se metió por la ventana y desde su posición invertida sintió el golpe y los ruidos del cuerpo rodando sobre el auto.
Se acomodó y pacientemente consiguió que Sally baje la velocidad y le cuente lo sucedido. Ella no sabía mucho más que él. Había ido a comprar provisiones y cuando volvió al campamento un grupo de gente violenta, ensangrentada y mortalmente herida se abalanzó sobre su auto. Eso explicaba la sangre que lo cubría. Nunca había visto tanta sangre junta.
Cuando consiguió bajar su ritmo cardíaco y tranquilizarse notó que el golpe del auto había lastimado seriamente su pierna izquierda. Tenía un corte que sangraba generosamente. Se vendó en un vano intento por negarse a si mismo las complicaciones que esto le podría traer. Pero si ese era el costo pagado por estar en ese auto en movimiento y no solo en el bosque, no parecía tan alto.
Luego de varios kilómetros comenzaron a adentrarse en la civilización, o por lo menos, el sitio donde ella solía habitar. La ciudad era literalmente una zona de guerra. Camiones militares incendiados, cuerpos sin vida desparramados por doquier. Claras señales de explosiones y agujeros de balas de grueso calibre.
Su mente concibió decenas de teorias o explicaciones, pero eso sólo agravaba la situación. Se detuvieron en una farmacia. Los básicos conocimientos de Sally de enfermería le permitieron coser y cubrir la herida de la pierna de su compañero.
Tomaron agua y aprovecharon el baño. Sabían que deberían salir de ahí, que tarde o temprano ese no sería un lugar seguro, pero no era tan fácil.
Manteniéndose juntos, se decidieron a recorrer la tienda en busca de cualquier cosa que les pudiera servir cuando salieran de allí.
En la parte trasera estaban almacenadas cajas de medicamentos cerradas, demasiadas. No tenía sentido, quizá esto no es algo tan reciente y la gente se estaba preparando.
Su corazón se detuvo. Su piel empalideció. Negaba lo que estaba viendo. Sally poco sabía de lo que estaba sucediendo. El farmacéutico, con la cara destrozada a mordiscos lo miraba desde una esquina mientras le goteaban fluidos que se escurrían de su boca.
Lucharon encarnizadamente. Sally explotó una catarata de gritos, lágrimas y quejidos.

continuará una vez más...

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